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El camino hacia la paridad

¿Avanzamos o retrocedemos en igualdad?

Lourdes Muñoz Santamaria

Los derechos de las mujeres son tan recientes y frágiles que no nos podemos permitir retrocesos

En los últimos días se ha producido un avance jurídico importante: por primera vez en España, una sentencia recoge la circunstancia de agravante de género para aumentar la condena de un asesino. Se amplía la protección de los derechos de las mujeres frente a la criminalidad machista. Además, hemos contemplado cómo las mujeres son las primeras y quienes con más fuerza han plantado cara al retrógrado y misógino Donald Trump y tras su toma de posesión han llenado de lila las calles de EEUU. Las imágenes de las principales ciudades norteamericanas teñidas de ese color impresionan, porque se trata de un país muy poco dado a las manifestaciones masivas.

Algunas mañanas, las noticias en la radio me han inquietado: el Gobierno elimina el soporte a los planes de igualdad en las empresas y elimina las ayudas a acciones por la igualdad en la universidad, y en Rusia están tramitando una ley para que maltratar una vez al año a tu pareja no sea delito.

LENTITUD DE LA IGUALDAD EFECTIVA

Actualmente, en varios espacios se está planteando: ¿avanzamos o retrocedemos como sociedad? Si nos centramos en los derechos de las mujeres, que representan el 51% de la sociedad, esta respuesta puede aportar una parte significativa. Enunciado así, sin ninguna duda los derechos de las mujeres han avanzado. Sobre el papel y en las leyes, son los más avanzados de la historia. ¡Faltaría más! Porque partíamos de una triste historia en la que a las mujeres no se las ha considerado ciudadanas de primera. Pero, en cambio, en cuanto a sus condiciones de vida, pasar de la igualdad sobre el papel a la igualdad real y efectiva resulta más lento, porque implica remover el statu quo existente y tener la voluntad de impulsar cambios.

Las féminas jóvenes ejercen directamente el poder, como se observa hoy en las redes sociales 

Centrándonos en nuestro entorno, en una década las políticas públicas de igualdad han pasado de estar en el primer plano de la agenda política a no solo no ser prioritarias sino sufrir severos recortes, incluso en la protección de las víctimas de violencia de género. En un país en el que han muerto 44 mujeres por violencia machista en el último año es inmoral que se eliminen los presupuestos de igualdad en la universidad y los planes de igualdad en las empresas. De este modo, el Gobierno como representante del Estado se desentiende de su deber de garantizar la libertad y la igualdad del 51% de la población.

UN LIDERAZGO QUE RESULTA INCÓMODO

La presencia de mujeres en el espacio público sí ha avanzado, aunque dista mucho de ser paritaria en todos los ámbitos. Nuestros parlamentos llevan más de una década con más del 35% de mujeres entre sus miembros en todas las elecciones. Además del aspecto cualitativo, tenemos nombres propios y mujeres que marcan estilo propio a la hora de hacer política: Angela Merkel, Hillary Clinton o Michele Bachelet, y en nuestro entorno las alcaldesas Colau Carmena. Algunos se sienten incómodos con los liderazgos de las mujeres, y muchas de ellas no dejan de recibir comentarios machistas.

Creo que no debemos confundir un pequeño o gran retroceso relativo en las políticas públicas con el avance global de los derechos, y especialmente la posición de las propias mujeres. Las transformaciones sociales no ocurren en todos los ámbitos con la misma intensidad y potencia, ni son continuas, sobre todo en los cambios complejos: de mentalidades, percepciones y emociones.

En nuestro entorno, la conciencia de las mujeres sobre sus propios derechos sin duda ha avanzado. Son las mujeres quienes más han evolucionado sobre su propio papel social. Cierto es que el funcionamiento de la sociedad se ha movido más lentamente, y los hombres en demasiadas ocasiones están descolocados.

LA FUERZA DEL CAMBIO Y LA MODERNIDAD

Existe una nueva generación de jóvenes que tienen asumida su presencia pública. Hasta hace pocos años, el debate feminista se centraba en el poder entre hombres y mujeres, el acceso y el tipo de presencia de las mujeres en el ámbito público. Ahora, las mujeres más jóvenes ejercen directamente el poder. Lo podemos observar con su presencia en las redes sociales. Ejercen de una forma más visible, se muestran y toman el espacio público, luchan por sus espacios de una forma desacomplejada. Las redes son su espacio; no olvidemos que han llegado ahí a la vez chicas y chicos jóvenes.

Las mujeres avanzamos, avanzamos si tenemos una perspectiva más amplia que el pasado más inmediato. Pero no nos podemos permitir retroceder. Los derechos de las mujeres son tan recientes y frágiles que no nos podemos permitir retrocesos. Las mujeres libres y con oportunidades están siendo la fuerzas del cambio y la modernidad en muchos países.

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