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IDEAS

Sílvia Pérez Cruz, con el Goya a la Mejor canción original, en la película ’Cerca de tu casa’.

EFE / JUANJO MARTÍN

El himno de Sílvia Pérez Cruz

Xavier Bru de Sala

Carles Sans celebraba la semana pasada en este periódico, no sin una deje de nostalgia por los ensayos de fiesta alternativa, que los Premis Gaudí hayan acabado por calcar, como los Goya, el esquema de los Oscar. Claudicación en nombre de la eficacia. Se trata de una ceremonia de promoción -en el caso catalán, de celebración sonriente de la supervivencia-, y dado que los americanos han llegado a la cima no hay que darle más vueltas. Las tres ceremonias consecutivas son como las muñecas rusas. Primero llega la pequeña, en Barcelona, que no gana en audiencia pero sí en la insuperable escenografía de Lluís Danés. A continuación, los Goya, para abrir el apetito y en fin, en 15 días, la fiesta global de la Academia de Los Ángeles. Así lo inició Joel Joan, así lo ha encarrilado Isona Passola y así lo dejaremos.

Aparte y, además de J.A. Bayona, que merece todos los reconocimientos por haber coronado la difícil empresa de producir filmes a una escala y un alcance hasta hace poco impensables en nuestras latitudes, que los merece y los ha obtenido en Barcelona, Madrid y todo llegará, hay que destacar, dentro de la más absoluta precariedad local, el giro del cine catalán al realismo de intención social. 'Cerca de tu casa', sobre los desahucios, es manifiestamente mejorable en todos los sentidos. Los personajes son planos y la historia se arrastra sin más interés que el de la denuncia, y ya es mucho. Pero nadie se debería perder la coreografía en el metro de Sol Picó, digna de pasar a los anales, y menos aún las canciones de Sílvia Pérez Cruz, asimismo doblemente galardonada con un Gaudí y un Goya

Pérez Cruz mamó música en casa, se preparó a fondo en las mejores escuelas y se eleva de manera inexorable y casi sin querer hacia el cielo de las estrellas. 'No hay tanto pan', se está convirtiendo en un himno contra la injusticia. Y Sílvia Pérez Cruz, con su dulce y rebelde intensidad, en un símbolo del artista en tiempos que vuelven a ser convulsos. Pronto, en un mito.