De premio literario

La ginesta y los libros

Después del Nadal y el Pla, el Biblioteca Breve es mi mejor recreo literario

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El periodista y escritor Antonio G. Iturbe, el año pasado en Barcelona.

El periodista y escritor Antonio G. Iturbe, el año pasado en Barcelona. / DAVID NOGUERA

El viernes no pude comprar mimosas porque en el mercado no había parada de plantas, así que ayer por la mañana quise poner remedio y me fui al bosque a coger un pequeño ramo de ginesta, ese poco de amarillo necesario que debe haber en toda casa. Aún notaba las agujas del arbusto en las manos cuando vi pasar a Agustín Fernández Mallo, Rodrigo Fresán Kirmen Uribe ya en el restaurante del Museu Marítim, haciendo tiempo hasta que se hiciera público que este año el premio es para Antonio Iturbe.

Dentro, los abrigos y las copas iban de un lado hacia otro. Después del Premio Nadal y el Josep Pla, el Biblioteca Breve es mi mejor recreo literario: en un solo día veo, cada año, a Lara Moreno, Marina Espasa, Álvaro Colomer, Cristina Morales, Sergio del Molino, Anna Guitart, Jordi Nopca, Rubén Martínez Giráldez, Aixa de la Cruz, Xavi Vidal y Anna Maria Iglesia. A la vez.

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La tranquilidad de las mañanas de los lunes en mi casa se había esfumado, la delicadeza con que arreglaba el ramo y lo ponía en agua. Iván me contó, a la mesa, que le gusta criar hormigas, Agustín me adelantó que el nuevo disco de Joan Miquel Oliver es el mejor hasta la fecha, Sergio del Molino nos presentó a Ella y a mí al amigo invisible travieso de su hijo, Arjona Corominas nos revolucionaron a todos como siempre y la soledad del escritor de la que siempre estamos hablando parecía ya una invención.

Me alegró, como siempre, charlar un rato con Jesús Carrasco de lo que siempre hablamos: del Betis, del folclore sevillano y de libros. Hablamos de Natalia Ginzburg y Carson McCullers como se habla de las amigas en común, porque eso es lo que son. Saludé a Guillem Terribas, a quien todavía no conocía en persona, y me crucé con Ignacio Martínez de Pisón, a quien siempre da gusto ver aunque sea para conversar cinco minutos. Me dijo que siga, que trabaje, que no desista. Cuando llegué a mi casa y encontré el ramo sobre la mesa, la tranquilidad de nuevo, lo entendí: es el entretenimiento necesario que debe haber en toda soledad literaria. La ginesta y los libros.