La financiación de la enseñanza superior

El auténtico problema de la universidad pública

La investigación y la transferencia de conocimientos tienen poco peso en los presupuestos de la Generalitat

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Edificios del Campus Diagonal Nord de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) en Barcelona.

Edificios del Campus Diagonal Nord de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) en Barcelona. / FERRAN NADEU

En otoño la universidad fue noticia: se presentaron varias mociones encaminadas a rebajar los precios de las matrículas, relativas a la financiación de la universidad, a reducir la precariedad laboral de los trabajadores... Ahora, ultimados los presupuestos de la Generalitat de Catalunya, tendremos ocasión de ver qué prioridad tiene la universidad para los partidos políticos del Parlament.

La opinión pública tiende a considerar que el alto precio de las matrículas es, si no el único, sí el principal problema de las universidades catalanas. Y no es así. El problema es el bajo peso que tienen la investigación y la transferencia de conocimiento en el presupuesto que la Generalitat destina a las universidades. Solo a modo de referencia: la UPC tiene un presupuesto de 274 millones de euros, muy inferior al de otras universidades politécnicas comparables por número de estudiantes y por la investigación y transferencia de conocimiento que realizan, como la TU Múnich, que dispone de un presupuesto de más de 800 millones de euros. Una cifra superior al total que la Administración destina al conjunto de las universidades públicas catalanas.

MEJORAR LA CALIDAD

Se hace necesaria, pues, una financiación que permita a la universidad mantener y mejorar la calidad que hemos conseguido en seria competencia internacional –y en época de precariedad alta– y, por ello, es necesario que el PIB dedicado se aproxime a la media de los países de la OCDE, un 1,22% . Y aquí vale la pena mencionar la calidad reconocida del sistema universitario público catalán, que se hace patente en la presencia de entre cuatro y cinco de las universidades públicas en lugares destacados de los 'rankings' internacionales. Y vale la pena también hacer referencia a una situación financiera de extrema fragilidad, que compromete seriamente, por ejemplo, la renovación generacional del personal docente e investigador y del de administración y servicios. Cualquier variación a la baja en los ya menguados recursos públicos repercutirá indefectiblemente en los niveles de calidad alcanzados.

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Los altos precios de las matrículas son, sin embargo, un grave problema para una parte importante de la población y también lo son para que las universidades catalanas puedan competir en condiciones. Aceptando que las becas Equidad son un paliativo a los altos precios de matrícula, creemos que es necesario un reescalado de los umbrales actuales y de los correspondientes copagos, y que se debe tener bien presente que las rebajas de matrícula implican menos ingresos para las universidades.

Para lograr la equidad necesitamos un mejor sistema de becas que también tenga en cuenta a quienes ahora ni siquiera se plantean estudiar en la universidad, ya sea por su entorno social o por la necesidad de disponer de un sueldo. Hay que reivindicar, a la vez, una mejor financiación del sistema universitario catalán para no renunciar a ser universidades de referencia en Europa o en el mundo.