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El peaje de la Copa

Sònia Gelmà

Es curioso lo rápido que se puede olvidar una hora y media de nuestras vidas. Noventa minutos pueden ser muy largos, pero si se suman los tres puntos, nos invade la amnesia. Para nuestra suerte, la memoria es lista y ya nadie recuerda esa primera parte en la que la contundencia azulgrana disfrazó la superioridad vasca. Por qué fijarse en el mal juego cuando hay tantos motivos para la satisfacción: descansó media hora MessiSuárez se reservó para el partido ante el Atlético, Alcácer consiguió al fin marcar en liga, Aleix Vidal repitió en su nueva vida de futbolista y André Gomes sumó un nuevo partido de adaptación al fútbol azulgrana. 

La arriesgada apuesta de Luis Enrique resultó redonda porque al final del partido el marcador daba ventaja al Barça. Es lo que tienen las rotaciones masivas, que solo las aguanta el resultado. Cuando la moneda sale cara son elogiadas y vistas como un mal menor, y en cambio, cuando sale cruz ponen en la picota al entrenador. Luis Enrique es consciente de ello, pero mantiene su idea –extrema en cuanto a cantidad de rotaciones– porque tiene muy presente la experiencia de la temporada pasada, cuando sus jugadores acabaron fundidos. Aquel bajón de abril avala su valiente decisión incluso ante el tridente. 

La Copa por sí sola resulta discreta para un club con aspiraciones de ganarlo todo, salvo que seas el Madrid de Mourinho

El técnico es coherente con su pensamiento y demuestra con hechos lo que dice en rueda de prensa, y eso no siempre es fácil. Lo que sorprende de su elección no es tanto que reserve a sus principales jugadores, como la competición que elige para hacerlos descansar. Dice Luis Enrique que él no prioriza la Copa, pero sus actos muestran que, durante la alternancia de competiciones, ha optado por intentar garantizarse una nueva final, la séptima en nueve años para el Barça. 

¿Cuánto vale una Copa? Menos que una Liga, menos que una Champions; en comparación, no hay duda. La Copa por sí sola resulta discreta para un club con aspiraciones de ganarlo todo, salvo que seas el Madrid de Mourinho y la sepas vender como el título del siglo. Una Copa, por ejemplo, es lo que ganó Guardiola en su último año como técnico y no sirvió de consuelo a una eliminación de Champions ante el Chelsea y la última liga ganada por el Madrid. Pero es una buena guarnición para lucir con algún gran título, reserva un partido con un ambiente especial para final de temporada y supone un esfuerzo menor que las otras dos competiciones.

De momento el peaje han sido los dos puntos que el equipo se dejó ante el Betis, porque del juego del sábado nadie se acuerda ya. Afortunadamente. 

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