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tú y yo somos tres

Xavier Sardà, con una linterna que dura 1.000 años (La Sexta).

Una linterna para la eternidad

Ferran Monegal

Hablaban en 'La Sexta noche' (La Sexta) de la carísima factura de la luz en un país de miseria de salarios como el nuestro. Un representante del PP allí presente, Guillermo Mariscal, diputado y portavoz de la Comisión de Energía, encontraba la mar de natural el precio de esta factura. Y entonces Xavier Sardà sacó de su bolsillo una linterna. La accionó apretando repetidamente un gatillo. Y advirtió: «Me he comprado esta linterna. He pagado el correspondiente IVA. Va con una dinamo. Dura para siempre. La he pagado. Es mía. Y nadie me puede pedir que pague un impuesto adicional por tenerla y fabricar mi propia electricidad. ¿Por qué entonces les exigen a los que tienen placas solares que cada mes y cada año paguen impuestos extras?». ¡Ahh! Ese golpe de Sardà, accionando la humilde linterna con la mano, y arrojando luz, fue buenísimo. Dejó al público allí presente muy impresionado. El representante del PP, en cambio, quedó disgustadísimo. Hombre, la anécdota es elevable a categoría. La mejor manera de potenciar el verbo, el discurso, de un opinador o debatiente televisivo, es sacar artilugios que refuercen sus argumentos. Es una estrategia utilísima. Sardà lo sabe muy bien. La tele fundamentalmente es imagen, golpe visual. Una buena sacudida, que entre bien por los ojos, deja al rival hecho fosfatina. Y provoca un gran efecto positivo entre el público, además de hacer la velada más entretenida. Sardà debería presentarse cada sábado a 'La Sexta noche' provisto de algún artefacto. Cuando tiene esos sabrosos rifirrafes con Paco Marhuenda, por ejemplo, yo le aconsejo que salga con casco, escudo, y un detector de trampitas. Plasmaría de un solo golpe la realidad de los debates televisivos de hoy en día, que son trincheras desde las que cada uno lanza proyectiles. Algunos, que ejercen de opinadores por cuenta ajena, son verdaderos artistas de las verdades a medias. Tramposillos.

Xavier Sardà ha encontrado en 'La Sexta noche' (también en 'Al rojo vivo') un acomodo interesante. Hace una labor didáctica con la que comulgo. Me ha interesado menos su pirueta el otro día con Bertín Osborne ('Mi casa es la tuya', T-5). Fue un almibarado homenaje a 'Crónicas marcianas'. Un ombliguismo excesivo. Si las 'Crónicas...' se hubieran hecho en A-3 TV en lugar de T-5, este masaje de Bertín no se hubiera producido. Por suerte apareció Boris Izaguirre. Su despendolado y divertido posturismo ayudó a desengrasar la mantequilla.

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