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Editorial

La producción audiovisual catalana

El cine y las series sufren de forma directa el preocupante descenso en los recursos dela CCMA en los últimos años

Cincuenta años de profesión cumplirá en el 2018 el último premio Gaudí de honor. Pocas voces hay tan autorizadas como la de Josep Maria Pou para reivindicar el oficio de actor unido a dos vertientes innegociables: que haya trabajo y en las condiciones adecuadas para desarrollarlo. También en la fiesta del cine catalán, Isona Passola, presidenta de la Acadèmia, había abundado en la cuestión, con mayor contundencia incluso en su oratoria. «Un país no existe si no tiene un audiovisual potente». Dentro de una celebración del sector como son los Gaudí, fueron señales de alarma muy significativas en un inicio de año en que ese ardor reivindicativo ya brotó con el manifiesto 'Més TV-3' y en el 'Llibre blanc sobre l’audiovisual a Catalunya', que el Consell de l’Audiovisual de Catalunya entregó a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell.

La luz roja se ha encendido con intensidad máxima por el evidente descenso de la producción audiovisual catalana, manifestada en películas y series, que va ligada intrínsecamente a la disminución de los recursos de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), el motor del sector. La CCMA tenía un presupuesto de 450,4 millones (con 334,4 de fondos públicos) en el 2010 y siete años después es de 307 (con 231 públicos) en el anteproyecto del presupuesto.

COHESIÓN SOCIAL E IDENTIDAD

Es este un descenso preocupante porque la industria audiovisual, como todo el sector cultural, es elemento clave para la cohesión social y para la consolidación de una identidad colectiva. En tiempos de globalización, se hace necesario por lo tanto un sistema público audiovisual fuerte que contrarreste el poderosísimo impacto, por ejemplo, de la creación audiovisual que llega desde Estados Unidos. El ejemplo de Francia, en ese sentido, es cercano con políticas decididas de apoyo a la industria. Y no está de más recordar el papel fundamental que ha tenido la CCMA en la normalización del catalán.

Esa necesaria inyección económica, por otra parte, no ha de ser un cheque en blanco, sino una exigencia añadida para que las partes implicadas actúen con el mayor rigor y profesionalidad. Sí la tiene, y talento, la cara visible del audiovisual catalán, sus intérpretes. Las series producidas en Madrid están llenas de actores catalanes. Más que nunca. Allí sí encuentran parte del trabajo que reclamó Josep Maria Pou en los Gaudí.

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