07 jun 2020

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El pequeño observatorio

El arzobispo Juan José Omella.

Una virtud que se llamaba caridad

Josep Maria Espinàs

El arzobispo de Barcelona ha hecho una comparación desafortunada y ofensiva

El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, ha hecho saber que está disgustado.Lo siento mucho. No me gusta que la gente esté disgustada. Yo mismo procuro no disgustarme, aunque no me guste, del todo o nada, lo que pasa y, sobre todo, lo que me pueden decir.

El señor arzobispo de Barcelona no ha tenido ningún inconveniente en hacer saber que condena el aborto, incluso en casos de violación. Respeto su derecho a opinar, pero yo me lo pensaría un poco más antes de dictar sentencia de culpabilidad. Y comparar violación y terrorismo ya me parece excesivo.

Me parece que una de las normas de la vida cristiana es no escandalizar. Y me permito decir, ilustre prelado, que me escandaliza –quizá sería más discreto decir que no me parece bien– que alguien se atreva a poner en el mismo saco un hecho personal y un hecho colectivo, una decisión privada y una bélica operación generalizada.

Dice Mireia Roura que Església Plural Cristianisme al segle XXI ven las palabras del arzobispo «alejadas del talante más comprensivo y misericordioso» del Evangelio propugnado por el papa Francisco. Por otra parte, me parece que la contundencia arzobispal es francamente lamentable: «Si se puede decidir sobre la vida de otra persona se habría de justificar a un terrorista». Hacer este paralelismo es lamentable.

 La mujer que tiene que abortar padece un dolor. El terrorista obliga a sufrir la muerte a todo tipo de personas. El arzobispo, pues, ha hecho una comparación no solo desafortunada sino también ofensiva.

¿No habrá ninguna reacción del Vaticano? No es ningún secreto que la Iglesia católica ha vivido y vive sometida a algunas tensiones internas, entre ideologías inmovilistas e ideologías que tienden a hacerla evolucionar. Unir aborto con terrorismo no encaja con la sabia finura política del Vaticano.