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La frágil Europa ante el eje del mal

Enric Hernàndez

El nacionalismo debilitó a la UE, alimentó la intolerancia en su seno y ahora la pone en jaque con la irrupción de Trump, su sintonía con Putin y el 'brexit'

"Abandonad nuestra tierra."

"'Deutschland über alles'" (Alemania sobre todo el mundo)

"Aquí no cabemos todos."

"España para los españoles."

"La immigración fue instrumento de colonización lingüística."

Está sobradamente justificado el escalofrío planetario ante el "América primero" del discurso de 'coronación' de Donald Trump, pues atestigua la toma de la primera potencia del mundo por el chovinismo. Pero las proclamas arriba citadas, entresacadas de distintos idearios, himnos y manifiestos europeos, demuestran que el nacionalismo exacerbado y excluyente ya anidó hace tiempo en las democracias occidentales.

Con tesón se ha urdido una suerte de 'internacional fascista' que impera ya en Estados Unidos y en la Rusia de Vladimir Putin. Que, agitando el espantajo de una invasión musulmana, ha empujado al Reino Unido fuera de la UE. Que a lomos de la xenofobia acecha la presidencia de la República francesa. Que conquista plazas relevantes en la Europa del este. Y que, envalentonada, condiciona los pasos de Angela Merkel con vistas a su reelección como cancillera alemana. El eslógan ultra 'primero, los de casa' ha hecho metástasis en el corazón de la Unión.

DE LAS CUCHILLAS AL MURO

Aun sin la iracunda verborrea de Trump, los líderes comunitarios han ido ensayando sus recetas xenófobas. ¿Por qué nos escandaliza más el anunciado muro en la frontera con México que las cuchillas que coronan las vallas de Ceuta y Melilla? ¿Son más reprobables las restricciones a la inmigración en EEUU y Gran Bretaña que las pelotas de goma disparadas en el Tarajal contra subsaharianos indefensos y los gases lacrimógenos contra refugiados en Macedonia? ¿Cuál es la diferencia entre sobornar a Marruecos o a Turquía para que repriman la avalancha migratoria y amedrentar a México para que haga lo propio?

Clama la Europa biempensante contra los alardes patrioteros de Trump, cuando son justamente los nacionalismos locales los que primero lastraron el proyecto comunitario y ahora alimentan la intolerancia en su seno. Mimbres demasiado frágiles para hacer frente al eje del mal que se teje entre Moscú, Washington y el Londres del 'brexit'.

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