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EL RADAR

Frente a la demagogia, el populismo y el neoliberalismo, hay una contienda que librar: la de los derechos universales innegociables

Dijo Donald Trump en su discurso de toma de posesión como presidente de Estados Unidos: “Sacaremos a la gente de las prestaciones sociales y la pondremos a trabajar”. La frase tiene resonancias puramente estadounidenses, unas clásicas (el ancestral recelo al ‘welfare state’ y a un Gobierno fuerte y grande que se encuentra en el ADN de la sociedad de aquel país) y otras coyunturales (el populismo y la demagogia que culpa a las élites y a los emigrantes del paro, la deslocalización, la degradación de las condiciones de vida de la clase media obrera). Donde la sociedad europea solía ver derechos (a la educación, a la salud, a las ayudas a la dependencia, al subsidio de desempleo) la sociedad estadounidense acostumbra a ver un billete gratis a la ‘dolce vita’, una ayuda inmerecida a quienes no han sabido prosperar. Visto así, el subsidio del paro desincentiva de encontrar trabajo; la sanidad universal obliga a todos a pagar por los malos hábitos de salud individuales (o los accidentes, o los genes); la pensión de jubilación castiga a quienes más éxito económico han tenido. Si a esta visión le añadimos los inmigrantes que, dice el mito, copan las ayudas sociales y una fuerte crisis económica, el cóctel está servido para que se lo sirvan, frío y sin mezclar, Trump y el resto de demagogos de estos tiempos inciertos.

En Europa, la crisis económica que empezó por la conducta salvaje de los mercados financieros ha supuesto la derrota… de quienes se oponían a las conductas salvajes de los mercados financieros. Han sido la izquierda y la socialdemocracia las derrotadas de la gran depresión, atacadas por tierra, mar y aire. “Estiramos más el brazo que la manga”; “Vivimos por encima de nuestras posibilidades”, argumentaron unos para defender la llamada austeridad. “Los emigrantes se llevan nuestros recursos”; “El dinero debe ser primero para nosotros”, dijeron los que conciben el Estado del bienestar como una cuestión de color de piel y no de igualdad. “Hay que redimensionar el Estado”; “Hay que elegir las prioridades”; “Hay que reducir la grasa del sistema”, “La gestión privada es más eficiente que la pública”, afirmaron los que para salvar el Estado del bienestar desearían matarlo y quienes confían en que la mano invisible del mercado sana mejor que la pública.

"SOLO LOS DE AQUI"

Es una derrota ideológica sin paliativos, como demuestran los resultados electorales con constante tozudez. Porque si la sanidad es “solo para los de aquí”, ya no es un derecho universal. Porque si la educación no es equitativa ni igualitaria ni actúa como ascensor social, es muchas cosas, pero no un derecho de todos los ciudadanos. “Tengo 63 años y estoy prejubilada, por obligación, porque ya no encontraba trabajo por mi edad. No se lo pierdan, después de estar trabajando desde los 14 años, me ha quedado una pensión de 630 euros. A ver cómo me lo monto con estos ingresos. Pago 261 euros de hipoteca, a los que hay que ir sumando todo lo que cuelga. Y sí, tenía unos ahorrillos, pero ya cada vez queda menos. Ni hablar de ir al cine, ni al teatro, ni de rebajas, ni de viaje; siempre vigilando lo que como y pelándome de frío, porque la factura de la luz puede acabar conmigo. ¿Tengo que encender velas?”, escribe Lola Serra una carta titulada ‘Mi pensión solo me da para sobrevivir con dificultad’. “Después de más de 30 años trabajando −los últimos 15 por cuenta propia−, ha llegado el momento en el que no puedo ni pagar las mensualidades de autónomo. Abocado, a los 50 años, a vivir de prestado, busco información sobre las ayudas que podría solicitar para capear el temporal, y me encuentro con que, al haber sido autónomo durante más de cinco años, no tengo derecho a ningún tipo de subsidio,o no al menos hasta que consiga trabajar por cuenta ajena 180 días”, escribe Félix Pérez, de El Prat de Llobregat. 

“Estoy inscrito en la lista para tratar las cataratas desde el mes de octubre del año 2015 e intento digerir la respuesta obtenida del hospital cuando me dijeron: “no cuente para antes del 2018” (…) Compartiendo esta realidad con la gente de la calle, la gran mayoría dice estar exactamente en la misma situación, pero hay otros que te dejan con la boca abierta cuando comentan que lo han podido solucionar con un máximo de 30 días en la privada. Claro, quien puede, llama a la puerta de la sanidad privada. (…) Solo hay que poner al fresco no menos de 2.000 euros, y todo arreglado”, cuenta en su carta Agustí Abad, de Terrassa.

DERECHOS INNEGOCIABLES

Frente al “Sacaremos a la gente de las prestaciones sociales y la pondremos a trabajar”; frente a “Los subsidios para los de aquí”; frente a la demolición del Estado del bienestar en apariencia aséptica y sólo en términos de eficiencia económica, frente a la demagogia y al populismo, frente a neoliberalismo y a la privatización de los servicios públicos esenciales, hay una batalla ideológica que librar: la de los derechos universales innegociables.

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