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La huella de la guerra civil

Recreación del ataque franquista a las fortificaciones de la Serra de la Fatarella.

JOAN REVILLAS

De La Fatarella a los Fets de Maig

Andreu Claret

Ochenta años después, hay que restablecer toda la verdad para que aquellos acontecimientos puedan tener un nombre

Los Fets. Aún los llamamos "els fets". Los Fets de La Fatarella y los Fets de Maig. Como si 80 años después no hubiéramos podido encontrar una palabra más adecuada. Unos lo vivieron como una revuelta de descamisados ​​y otros como una contrarrevolución. Pero quedaron para siempre como 'els fets'. Los de La Fatarella, donde fueron asesinados 34 campesinos que se negaban a la colectivización de sus tierras, y los de mayo en Barcelona, ​​donde los enfrentamientos entre fuerzas de orden de la Generalitat y milicianos de la FAI y la CNT dejaron más de 500 cadáveres esparcidos por las calles. ¿Cómo es posible que todavía utilicemos una expresión de un vacío tan absoluto para describir dos acontecimientos de tanta trascendencia? ¡Los 'fets'! Como si no quisiéramos hablar de ellos. Como si no pudiéramos recordarlos. Como si no fuéramos capaces de digerirlos por mucho que hayan pasado 80 años.

MISERIA CONTRA POBREZA 

La Fatarella. Terra Alta. 25 de enero de 1937. El municipio tiene 2.499 habitantes. Salvo un par de familias más acomodadas, la mayoría son campesinos pobres. Hay unos cuantos jornaleros, aún más pobres. Algunos de estos hacen caso a los eslóganes que llegan de Barcelona y exigen colectivizarlo todo. Miseria contra pobreza, escribirá, 70 años más tarde, Josep Termes. Lo de "la tierra es para quien la trabaja" tiene poco predicamento porque ya era así, para la mayoría de aquellos labradores, desde tiempos inmemoriales. Pero suben cientos de faístas encendidos venidos de la comarca y de más allá, dentro de los 'coches de la muerte', convencidos de que la revolución no conoce límites. Con las armas de cazar conejos, los agricultores se defienden. Pero los otros llevan fusiles de guerra y los vencen. Unos son asesinados cerca de la iglesia, o de lo que queda de ella, porque los santos han ido a parar todos a la hoguera, y otros ante la tapia del cementerio, cerca de la ermita de la Misericordia. En total, 34. La Generalitat, ausente. Unos meses después, Companys envía un delegado para restablecer la paz entre los vecinos. Se llama Andreu Claret Casadessús. Era mi padre. Lo intenta, pero pronto llegan las tropas de Franco, y todo acaba. Con más muertes y más sufrimiento.

¿PRIMERO LA GUERRA O LA REVOLUCIÓN?

Barcelona. Plaza de Catalunya. 3 de mayo de 1937. Unos 200 guardias de asalto ocupan el edificio de Telefónica, que está bajo el control de la CNT. ¿Qué es primero: la guerra o la revolución? Los gobiernos de Catalunya y Valencia piensan que primero hay que ganar la guerra y que todo debe supeditarse a este objetivo. Cuentan con el apoyo del PSUC, ERC, UGT y Estat Català. Los anarquistas y los del POUM sostienen que solo la revolución puede movilizar al pueblo contra Franco. Son posiciones irreconciliables. Con los adoquines, todos levantan barricadas. Es la guerra dentro de la guerra. La gana el Govern, pero el precio es alto. En muertos, en represión y en pérdida de autonomía. Los agentes de Stalin salen reforzados y llevan hasta las noches de Barcelona las persecuciones de Moscú contra los trotskistas. En las calles hay "una atmósfera de sospecha, de miedo, de incertidumbre y de odio mal disimulado", escribirá Orwell en su 'Homenaje a Cataluña'. El 16 de junio, Andreu Nin es arrestado y unos días más tarde muere en Alcalá de Henares a manos de agentes de la NKVD, tras ser torturado. Es un crimen abyecto, que solo sirve a los intereses de Moscú, sobre el que se ha escrito mucho y reflexionado poco.

No fue Franco quien ganó la guerra, sino la República quien la perdió


Estos 'fets' llevan a pensar que no fue Franco quien ganó la guerra sino la República quien la perdió. Y ahora que se quiere --con razón-- recuperar la memoria histórica, lo que pasó entonces también debería ser objeto de recuperación. Quiero decir de estudio y análisis cuidadoso, para restablecer la verdad. Toda la verdad. De tal manera que aquellos acontecimientos puedan tener un nombre y que las familias de las víctimas se sientan reconfortadas. Sobre todo en La Fatarella, donde el trauma de aquella noche de enero del 37 todavía se puede seguir casa por casa, calle por calle, 'perxe' por 'perxe'. Algunos hemos intentado colaborar a ello. Termes, con su libro, espléndido. Rosa Ardèvol, desde la revista 'La Cabana'. Josep Gironès y yo mismo, con novelas ambientadas en los días de la matanza. Pero falta un reconocimiento público. Companys no supo o no pudo evitarlo. Desde 1977 para acá, los presidentes de la Generalitat han pasado de puntillas por el tema. El 'president' Puigdemont tiene la oportunidad de hacer justicia. Asistiendo a la inauguración del primer monumento a las víctimas promovido desde abajo, el próximo día 28. La gente de La Fatarella lo merece por haber sufrido tanto. Durante la República y bajo el franquismo.