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MIRADOR

Trump, en su investidura como presidente.

AFP / PAUL J RICHARDS

Una luz en la noche

Josep Maria Pou

El teatro es no solo un espacio seguro, sino también, cuando necesario, un espacio valiente frente a los tiempos oscuros

Una tradición muy antigua en el teatro -que se mantiene todavía viva en muchos locales de hoy- consiste en dejar encendida una pequeña luz, una sola y única bombilla, en mitad del escenario, mientras el teatro está cerrado y vacío. Algo así como una lampara de pie a la que hubiéramos quitado la pantalla, pero hecha toscamente, con una simple vara de madera y un portalámparas en lo alto. Normalmente, la última persona en abandonar el teatro por la noche la coloca en el centro del escenario y alli queda, encendida, hasta que a la mañana siguiente llega el primer empleado del dia y la retira. Su misión práctica es, pues, la de iluminar el camino del último en salir y el del primero en llegar.

En el argot teatral, a este cachivache se le llama "ladrón”, no me pregunten porque, porque no lo sé. Quizás -imagino- por la cantidad de energía que “roba”, a lo largo de la noche, en beneficio de prácticamente nada, mientras corre el contador de la luz. Quizás. Aunque a mi me guste pensar que esa luz se mantiene alli para no tener solos y abandonados, en lo negro y en lo oscuro, a los personajes que los actores dejan en sus camerinos, una vez terminada la función.

Al amparo de esta tradición, miles de miembros de la comunidad teatral de los Estados Unidos (productores, directores, técnicos, autores; del primer actor al último meritorio), se reunieron el pasado jueves, víspera de la toma de posesión del presidente Donald Trump, a la puerta de más de 500 teatros de todo el país (de norte a sur y de costa a costa, Broadway incluído); todos a la misma hora, justo al caer la noche, y todos con una luz en la mano (mechero, móvil, cerilla, vela, candela, linterna), para recordarle al mundo, de manera simbólica, que puede haber luz en tiempos oscuros y que los teatros llevan miles de años, desde los griegos, sirviendo de lugar de encuentro y acogida, de inclusión y participación.

Y dejando claro, una vez más, que el teatro es no solo un espacio seguro, sino también, cuando es necesario, un espacio valiente.

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