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La escritora valenciana Isabel-Clara Simó.

Por fin un acierto

Xavier Bru de Sala

Propongo cinco novelas que la hacen merecedora, si no de las más altas distinciones, sí la de mayor consideración y aprecio

A finales de los setenta del siglo pasado, justo después del éxito rotundo de la 'Antaviana' de Dagoll Dagom, Pere Calders pronunció, en una entrevista radiofónica que le hice, una de las frases más reveladoras del desbarajuste que se apoderaba de la literatura catalana: “Hasta ahora me han infravalorado, a partir de ahora me sobrevalorarán”. Se refería, sin citarlo, al entonces y por muchos años dúo prescriptor formado por un catedrático que nunca aprendió a leer, Joaquim Molas, y un diletante de la lectura, Josep Maria Castellet, que sabía degustar un buen texto pero a quien tanto le daban cuatro como veinticuatro y se pirraba por figurar. Los jóvenes que predicábamos la máxima exigencia como filtro fuimos barridos sin remisión.

Propongo cinco novelas que la hacen merecedora si no de las más altas distinciones, sí la de mayor consideración y aprecio

Treinta y cinco años después, y se dice pronto, no hemos aprendido a valorar a los autores con juicios cualitativos sino mediáticos y de ventas, de manera que los lectores, y la mayoría de autores, ignoran los nombres de quienes podrían establecer con una cierta fiabilidad el canon de los mejores narradores de este periodo. Ni que decir tiene que tampoco disponen de criterio para ensayar un listado de dichos autores. 'Totum revolutum'. Descrédito. Igualación por abajo. Suspicacia generalizada. Catalunya como vanguardia de la edad caótica profetizada por Vico. No es extraño pues que el Premi d’Honor sea considerado como una especie de lotería que puede tocar a cualquiera, pero que al día siguiente de la ceremonia lo deja todo tan desordenado como antes.

Más aún. Si en los primeros treintaitantos años de Premi d’Honor solo fue premiada una mujer, y sin síntomas de altercado, no debería extrañar que ahora un jurado con mayoría de mujeres premie escritoras dos años seguidos (y aún así, no pasan de cinco entre casi cincuenta). Si tenemos en cuenta, encima, que el jurado ha sido formado por el método del aluvión, que dispone los materiales según el capricho de la naturaleza, es comprensible que los más benévolos se lo tomen como un ritual de obligada, aunque fatigada, participación.

Pero he aquí que a veces una flecha, ni que sea disparada a ciegas y después de mil giros, da en la diana. A pesar de que ni la intención del jurado, ni de Òmnium, haya sido señalar a Isabel-Clara Simó como una escritora valiente y de gran valía, y menos aún desmentir el tópico de que escribe para tías solteronas y sobrinas adolescentes y sustituirlo por el de autora disruptiva de dureza mineral, osaría proponer al lector sin prejuicios un listado, no exhaustivo, de cinco novelas que la hacen merecedora, contra corriente, si no de las más altas distinciones, porque se conceden según el antiguo método de la insaculación, sí de la mayor consideración y aprecio: 'Jonàs', 'Amor meva', 'L’amant de Picasso', 'El professor de música', 'Els invisibles'.

Los escasos miles de lectores exigentes que todavía no han abandonado el catalán como idioma para disfrutar de la alta literatura, disponen de una ocasión inmejorable para dejarse interpelar por las obras más destacadas de Isabel-Clara Simó. Si hacen la prueba, seguro que estaremos de acuerdo.

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