08 abr 2020

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INICIATIVA TURÍSTICA

Catalunya y el Barça (por este orden)

Jordi de San Eugenio

La proyección estratégica de los territorios necesita valorizar iconos conocidos mundialmente

En los últimos días se ha suscitado una encendida polémica en torno a la estrategia promocional de Catalunya que la Agencia Catalana de Turismo ha puesto en marcha en colaboración con el Barça. A estas alturas, me llega que el RCD Espanyol ya ha presentado una queja formal al sentirse agraviado por esta iniciativa. Poco a poco se le van sumando otras voces, que defienden la variedad de opciones deportivas que, afortunadamente, tiene Catalunya. Desde mi punto de vista, esto es estrictamente así. En todo caso, también quisiera hacer notar que una marca (en este caso, Catalunya) no lo puede ser todo y, por tanto, igual que en la esfera comercial y/o corporativa, hay que hacer una apuesta concreta para que el público al que nos queremos dirigir entienda lo que queremos transmitir. En este sentido, creo que nadie puede poner en duda que el FC Barcelona ya hace mucho tiempo que va mucho más allá de una entidad deportiva, me refiero a aquello tan nuestro de "més que un club". Y, de hecho, lo es, entre otras cosas, porque considero que tiene una capacidad muy valiosa para proyectar la identidad de Catalunya en todo el mundo.

EL BARÇA, UN FENÓMENO GLOBAL

El Barça es un fenómeno global, y posiblemente mucha gente ubica la ciudad de Barcelona en un planisferio mundial gracias, en parte, al sentido de la ubicación que aporta la entidad azulgrana. Y esto nos traslada a otro debate inacabable. ¿Y la marca Catalunya? ¿Dónde está? ¿Existe, verdaderamente? De la misma manera que se ha hablado largo y tendido del posible 'aprovechamiento' de la trascendencia internacional de la 'marca Barcelona' para iniciar una 'marca Catalunya', parece indudable que el Barça puede convertirse en un indiscutible activo de posicionamiento de la 'marca Catalunya' a nivel universal. Esto, pues, no tiene nada que ver con adscripciones deportivas, ni con rencores entre clubes que comparten la alegría de ubicarse en Catalunya. Me refiero a ser capaces de renunciar (por decirlo de alguna manera) a unos colores para entender que la proyección estratégica de Catalunya hacia el resto del mundo necesita de la valorización de iconos conocidos y reconocidos a nivel global, a partir de los cuales empezar a construir un relato para una marca, la de Catalunya, que tarda demasiado en llegar.

Una marca implica, sin duda, renuncias. No puede ser todo, pero sí debe tener la voluntad de representar al máximo de personas posible. Las marcas también generan un efecto llamada. Si el Barça ayuda a entender la realidad diferencial de Catalunya, quizá también puede dar voz a otras realidades con las que cuenta nuestro territorio, pero, de entrada, tiene que haber un elemento de tracción y atracción que sea identificable y reconocible mundialmente, que genere adhesiones y complicidades que intuyo imprescindibles en estos momentos. Y me parece que uno de estos elementos puede ser el Barça. Diferenciación, singularidad o repercusión son algunos de los términos que se utilizan para identificar elementos de posicionamiento de los territorios. Esta es una tarea que, a veces, aumenta su complejidad. Los territorios utilizan lo que los hace ‘diferentes’, ‘inigualables’ o ‘únicos’, ahora no solo para atraer turismo, sino para estar lo mejor posicionados posible para atraer talento, inversión o infraestructuras, lo que representa, en definitiva, prosperidad para los territorios y para el desarrollo económico.

ORGULLO COLECTIVO

Una mirada transversal creo que nos debe permitir intuir estos elementos, y nos debe hacer ver que, de lo que aquí se está hablando, es de utilizar una organización deportiva reconocida mundialmente como elemento de lanzamiento de un marco geográfico que sí que nos representa a todos: Catalunya. Y eso creo que no implica, en ningún caso, el menosprecio de la variedad de opciones deportivas que tenemos en Catalunya; lo veo como una renuncia solidaria que deja momentáneamente de lado el orgullo individual para hacer una apuesta que podría ser, perfectamente, de orgullo colectivo. Es por ello que hay que dejar claro que es el Barça quien tiene la enorme responsabilidad de representar a Catalunya a nivel internacional y no al revés. Primero, Catalunya y, después, el Barça. Por este orden.