EL ANFITEATRO

El fin del optimismo

El teatro del Capitol de Toulouse presenta 'Candide', de Bernstein, una ópera necesaria en los inquietantes tiempos que corren

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Escena de conjunto de ’Candide’, de Leonard Bernstein, representada en el teatro del Capitol de Toulouse en una producción procedente del festival de Glimmerglass (Nueva York).    / PATRICE NIN

Escena de conjunto de ’Candide’, de Leonard Bernstein, representada en el teatro del Capitol de Toulouse en una producción procedente del festival de Glimmerglass (Nueva York).   
Bowers (Maximilian), Stenson (Candide), Emerson (Cunégonde), Choi (Paquette) y Harmon (Pangloss), en la ópera ’Candide’, de Leonard Bernstein, representada en el Teatro del Capitol de Toulouse. 

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Nada mejor en estos tiempos que corren que volver a 'Candide, o el optimismo', la novela de Voltaire. Hace ya unos años dejamos de creer que vivíamos en el mejor de los mundos, al menos, la mayoría de los mortales. Con el estallido de la crisis el optimismo se nos borró de la mente. El filósofo ya lo había advertido hace más de 250 años, pero la tentación de creer en el buenismo, de pensar que todo está hecho para bien, mientras entonábamos odas al rey mercado hizo que olvidáramos sus enseñanzas. Por eso, resulta muy acertada la propuesta del teatro del Capitol de Toulouse de presentar la obra de Leonard Bernestein, 'Candide'.

En el origen de la obra del compositor estadounidense está Lillian Hellman, la escritora que estaba en la lista negra de aquella excrecencia fétida que fue el maccarthysmo en los años 50. La autora de 'Pentimento' no había olvidado las enseñanzas de Voltaire y propuso a su amigo Lenny ponerle música a aquella cáustica y satírica novela como un acto de acusación contra la ignorancia y la indiferencia.

Así nació una obra de difícil clasificación. ¿Ópera, ópera cómica, opereta, musical, panfleto musical? El mismo Bernstein rechazaba una clasificación. Y en realidad da igual la etiqueta que le pongamos. Baste saber que tiene 15 números musicales brillantes que pasan por numerosos registros, desde una obertura hollywoodiana a momentos íntimos, un tango, números corales y arias muy exigentes y un libreto inteligente, lleno de agudeza con una denuncia del fanatismo.

La obra se estrenó en 1956 pero ha sufrido numerosas modificaciones tanto en el libreto de Hugh Wheeler como en la partitura hechas por el propio Bernstein. Procedente del festival neoyorquino de Glimmerglass, 'Candide' ha llegado a Toulouse en la versión de John Caird con diálogos de Richard Wilbur y textos adicionales de Stephen Sondheim, John Latouche, Dorothy Parker, Hellmann y el propio compositor. Talento por un tubo.

AVENTURAS Y DESVENTURAS // 'Candide', la novela y la ópera, cuenta las aventuras y desventuras de un joven educado por el filósofo Pangloss, una caricatura de Leibnitz, el filósofo del optimismo histórico, en un ambiente acolchado y protegido, convencido del ideal del mejor de los mundos. Sin embargo, el joven se ve injustamente rechazado por el entorno en el que ha vivido y lanzado a una vorágine de desastres a cual peor en el viejo y el nuevo mundo.

Se alista en un ejército que ataca el castillo donde vive su amada Cunégonde que es violada y dada por muerta. Abandona las armas y reencuentra a Pangloss. Juntos van a Lisboa coincidiendo con el devastador terremoto de 1755. Considerados herejes, son juzgados y condenados por la Inquisición. Candide encuentra a su chica, que no ha muerto mientras reparte sus favores entre un rabino y un cardenal. Ambos mueren a manos del joven. En América también le persiguen las desgracias de todo tipo, pero Candide no pierde su optimismo hasta llegar a Venecia y encontrar a Cunégonde convertida en una prostituta del casino. Llegado a este punto, el joven descubre que no vive en el mejor de los mundos y se retira a un pueblo dispuesto a "cultivar su jardín", proyecto al que se añadirá la amada.

La obra de Bernstein tiene momentos muy bien construidos como el auto de fe de la Inquisición en donde aparece la carga crítica de profundidad contra el maccarthysmo y, por extensión, toda caza de brujas. Musicalmente, hay dos elementos que se han independizado de la obra para entrar en el repertorio orquestal y vocal. El primero es la obertura. El otro es el aria 'Glitter and be gay' interpretada frecuentemente por sopranos de coloratura en conciertos y recitales.

La complejidad de la trama presenta sin duda problemas de representación para hacerla comprensible. El recorrido de Candide es un viaje por medio mundo que empieza en Westfalia y pasa por Lisboa, París, Cádiz, Buenos Aires, una misión jesuita, El Dorado, Surinam y, finalmente, Venecia. Francesca Zambello, con una larga carrera en el teatro musical y la ópera, firma una producción escénica de una gran simplicidad y al mismo tiempo muy eficaz.

La escena es la de un antiguo almacén del siglo XVIII, un espacio vacío que se va animando y convirtiéndose en los distintos escenarios de la obra gracias a una iluminación muy funcional y a unos elementos de madera movidos por los propios cantantes que pueden adoptar las formas más distintas según las necesidades del momento, un estrado, una pasarela, la selva o una embarcación. Con muy escasos elementos consigue crear situaciones y emociones como por ejemplo, unos sencillos hilos azules se convierten en un mar embravecido.

JÓVENES CANTANTES // Este 'Candide' llegó a Toulouse con el mismo elenco que lo estrenó en Glimmerglass formado por cantantes del programa de jóvenes artistas de aquel festival. Se nota que llevan un buen rodaje con el resultado de una interpretación muy compacta desde todos los puntos de vista, el vocal, el teatral y todo el movimiento escénico. El número de personajes es muy grande y muchos cantantes hacen más de un papel. Un resfriado había dejado sin voz al tenor Andrew Stenson, el protagonista, que se limitó a decir las partes habladas y a mimar los movimientos, mientras Andrew Maughan, que interpretaba el papel del criado Cacambo, se desdobló en Candide.

Ashley Emerson fue una eficaz Cunégonde, pero le faltó algo de fuelle en la célebre aria 'Glitter and be Gay' que es un auténtico cúmulo de dificultades con saltos interválicos, arpegios y todo tipo de agilidades que expresan los distintos estados de ánimo de la muchacha y es también catálogo de las muchas habilidades que ha desarrollado durante sus aventuras.

El personaje de Pangloss que se desdobla en Voltaire, es mayormente recitado de modo que lo interpreta un actor. En este caso era Wynn Harmon, brillante en las partes declamadas, pero poco audible en las cantadas. Matthew Scollin fue un impresionante Martin. También merece destacarse Marietta Simpson (La vieja), Christian Bowers (Maximilian y el Reverendo padre), Kristen Choi (Paquette). La orquesta era la titular del teatro, una formación de sólido prestigio, dirigida en esta ocasión por James Lowe, con una larga experiencia en la dirección de musicales.

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La obra de Bernstein, muy frecuente en los escenarios estadounidenses y raramente en los europeos, merece toda la atención posible. El tiempo del optimismo ha llegado a su fin. Y cuando Candide, tras tantas desgracias y peripecias decide cultivar su jardín, no nos está diciendo que nos quedemos encerrados en casa. Como apunta Zambello, la moraleja de la obra es la de que cada cual debe dirigir su atención a lo que depende de él, a lo que puede hacer para contribuir a crear un mundo mejor. Un buen propósito para este inquietante 2017.

Espectáculo visto el 29 de diciembre del 2016. 

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