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Una clásica novela romántica

El irresistible hechizo de Oriente

Eugenio García Gascón

Mathias Enard describe con total lentitud en 'Brújula' todos los tópicos de la época dorada del orientalismo

La saeta de Mathias Enard apunta siempre a objetivos de Oriente, a Damasco, Alepo, Estambul o Teherán. El protagonista de su novela 'Brújula', Franz Ritter, se pasea por esas ciudades con la melancolía del occidental que no se halla a gusto en Occidente y que para mantenerse vivo necesita inyectarse permanentemente consistentes dosis de Oriente, lo que hace que 'Brújula' sea una clásica novela romántica cuyo espíritu se remonta a la época dorada de los orientalistas del siglo XIX y que Franz aspira a emular en el siglo XXI.

Cuando Sarah, de la que Franz está irremediablemente enamorado, se halla en el Hotel Baron de Alepo, en su primera visita, en 1996, ya nos habla del «encanto de la decadencia» para referirse a ese mítico establecimiento hotelero, donde se sirve una singular mermelada de rosas y en cuyas habitaciones han pernoctado una larga lista de personajes ilustres, como Lawrence de Arabia. Es ese encanto decadente y melancólico el que se transpira a través de la novela y no deja de acompañar a los protagonistas en ningún momento.

UN TREN LENTO

Nos encontramos con el orientalismo de un tren que no circula a toda velocidad sino a toda lentitud. Los grandes tópicos de la época dorada del orientalismo, los lugares comunes de antaño, discurren mustios, se recuperan y están presentes en cada una de las páginas, desde el opio hasta la pipa de agua pasando por la arqueología. El deseo de los protagonistas es evadirse de un Occidente racional que los mantiene inquietos e insatisfechos, reducidos a un exilio interior que busca separar su espíritu de lo exótico, siendo lo exótico justamente el medicamento que necesitan para seguir adelante y aferrarse al fino hilo que los mantiene vivos, aunque se sufran dolencias del alma.

‘Brújula’ es una novela neorromántica con todos los ingredientes que Edward Said denunció en su celebrado ensayo de 1978 titulado 'Orientalismo', donde el profesor palestino de Estados Unidos descuartizó cruelmente el movimiento subrayando cada uno de los lugares comunes, y donde enterró deshonrosamente a los eruditos que se consagraron al estudio de Oriente desde un punto de vista romántico y alejado de una realidad que como occidentales eran incapaces de sentir o compartir. Naturalmente, Said retrató al orientalismo como más sujeto a las deficiencias del romanticismo que cualquier otro movimiento de la época, lo que sin duda fue un error.

Es curioso e interesante observar que Mathias Enard se mueve en el siglo XXI en el mismo marco que los eruditos del XIX, lo que nos obliga a reflexionar sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, un tiempo en que el siglo del arabista sir Richard Burton, el notable traductor de 'Las mil y una noches', vuelve a estar en boga bajo la forma del neorromanticismo, ese vástago del posmodernismo que a menudo abomina de la razón, o simplemente la ignora, como ocurre en 'Brújula'.

Nuestra novela se recrea en los aspectos más orientales de Oriente, lo que habría hecho las delicias del bisturí de Said, aunque en más de una ocasión Enard sugiere que tal vez esos tópicos y excentricidades constituyen la verdadera esencia de Oriente. Y quizá tiene razón, al menos a ojos de un gran número de occidentales que se sienten arrastrados por el hechizo de Oriente.


El lector interesado en hallar reunidos los tópicos del orientalismo los encontrará en 'Brújula', de manera que debería leer este libro, que, sin embargo, parece haberse escrito para las élites, para lectores selectos. Desde un punto de vista literario, es un gran triunfo, especialmente si el lector ama la literatura que hay más allá de la novela-cliché de entretenimiento en boga, ya sea rosa, de aventuras o policial. El relato de la revolución iraní, a partir de la página 326, es una hermosa narración y constituye uno de los fragmentos más logrados en un libro donde abundan los fragmentos logrados, siempre domesticados por la añoranza mórbida e irrecuperable que sienten Franz y Sarah.

Si Edward Said hubiera escrito una crítica de 'Brújula, seguramente habría dicho que Enard sucumbe al embeleso de todo lo que rodea a Oriente más que al mismo Oriente. Pero las experiencias del protagonista son reales por más que se describan como ensoñaciones románticas. Aunque un lector distraído o no familiarizado con Oriente puede quedarse en suspenso, sin distinguir qué hay de verdad y qué hay de embuste, absolutamente todo lo que contiene el libro son verdades esenciales en las entrañas del orientalista. 

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