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tú y yo somos tres

El fondo de armario de una pizzería

Ferran Monegal

Estan muy contentos en el imperio Mediaset con el programa First dates (Cuatro). Comenzó siendo un comedor en el que sumergían a gente anónima para que fueran ligando mientras cenaban. Pero se han dado cuenta de que las mejores audiencias las consiguen cuando convocan a criaturas del famoseo televisivo.

Esta semana, y de una sola tacada, han metido a Yola Berrocal, a Yurena Seisdedos y a Aran Aznar. Todas decían que iban en busca de pollastre, porque en su vida televisiva el amor ha sido un espejismo inalcanzable. O sea, recitaban un guión seguramente, pero les ha quedado bastante natural. 

Yola aseguró que está sola desde el 2013. Decía, dolorida: «Al final, siempre me traicionan». Comprendamos a Yola: aquellas tremendas relaciones que tuvo con el padre Apeles, haciendo ella de Caperucitay el mosén, deLobo feroz, es posible que la hayan dejado traumatizada. Yurena Seisdedos también buscaba pollastre. «Quiero que sea un hombre muy hombre, un hombre de arriba abajo», advertía con un poso de melancolía en la mirada.

Aran Aznar, quizá la del semblante más triste de la velada, confesó: «Después de salir en Interviú y en la tele, la relación con mi tío, José María Aznar, se estropeó. Son una familia muy clásica. Para ellos yo soy la oveja negra. Un escándalo». Es curioso, el expresidente del Gobierno parece escandalizarse más de su suelta e inofensiva sobrinita, que de su responsabilidad, y la de su ministro Federico Trillo, en la tragedia del Yak-42.

Esta sesión de First dates, con YolaYurena Aran como ganchos, demuestra lo rentable que resulta tener un buen fondo de armario repleto de criaturas. Este imperio lo tiene, y lo alimenta, desde hace al menos 20 años. Son personas que un día se prestaron a rustirse en las parrillas de los programas de la casa y, a pesar de quedar un poco chamuscadas, quieren repetir y repetir, aunque les caiga la piel carbonizada.

¡Ah! Aguardan aparcadas en ese trastero del imperio, que es su esperanza. Suspiran para que las vuelvan a llamar. Puede parecer inquietante que aspiren nuevamente a abrasarse. Pero creen que es su destino existencial. Y la soldada es formidable. Yo creo que First dates, más que un restaurante, ha acabado en pizzería. Todo el programa actúa como una masa en la que el simpático pizzero Carlos Sobera cada semana va metiendo esos ingredientes que tiene en el armario de las almas en espera de destino. Y el imperio cabalga.

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