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EL RADAR

Añorando ya a Obama

Joan Cañete Bayle

Uno de los argumentos principales de la conversación pública en este principio de año es el miedo a Trump

“Hace una semana visité a unos amigos en Berlín. Ya en el aeropuerto, de regreso, me sumergí en uno de esos quioscos que se puede comprar de todo,  y me detuve ante la portada de la revista 'Der Spiegel’. En la portada aparecía la imagen de una bola redonda, anaranjada y amarilla; un meteorito, ni más ni menos, con la forma de la cara de Donald Trump, dirigiéndose en medio del espacio hacia el planeta tierra. Junto a la imagen, un titular: 'El final del mundo’.” La anécdota que contaba en su carta desde Manhattan Beach Mercedes Lizcano es sintomática de la situación en que se encuentra gran parte del mundo, que mira con pavor hacia el 20 de enero: ese día, en las escalinatas del Capitolio, Donald Trump jurará el cargo como 45º presidente de Estados Unidos.

(A Trump lo apoyan) “desde empresarios multimillonarios, hasta simpatizantes del Ku Klux Klan, pasando por negacionistas del cambio climático, islamófobos, belicistas o ultraderechistas. Es para echarse a temblar, escribe Miguel Fernández-Palacios, desde Madrid. “A Trump no le importa mucho el futuro. Tal vez piense que no se va a reencarnar, que sus descendientes ya no estarán en la Tierra cuando la contaminación nos ahogue o, quizá, realmente, crea que el cambio climático es un fantasma compuesto por el humo de muchas chimeneas que no tienen efecto nocivo alguno”, ironiza Tamara González, desde Santa Coloma de Cervelló. “La Casa Blanca ha pasado de ser habitada por la primera persona de raza negra de la historia a ser ocupada por el más grande titular de deudas de quienes nunca accedieron a esa responsabilidad, es lo que toca: para administrar época de crisis, un deudor”, diagnostica Mario Martín, desde Salardú.

MIEDO A TRUMP

Modelitos de Cristina Pedroche al margen, uno de los argumentos principales de la conversación pública este principio de año es el miedo a Trump, alimentado por varios factores: la tormenta mediática, la percepción de que lo que sucede en Estados Unidos nos afecta a todos y la incertidumbre respecto a las intenciones reales del personaje. La otra cara de la moneda del miedo a Trump es la añoranza de Barack Obama. Aún no se ha ido y se le echa de menos como si ya no estuviese. Al aún presidente de Estados Unidos se le pueden afear muchas cosas de su mandato, y los balances de su presidencia las empezarán a recordar en breve. Pero ni sus detractores más acérrimos (los haters irracionales juegan en otra liga) le pueden reprochar que no haya honrado el cargo que ha ostentado y la política. Obama también sabe jugar duro y sucio cuando la situación lo requiere, pero desde un punto de vista institucional su mandato ha sido intachable. El primer presidente negro de Estados Unidos se ha erigido en la imagen platónica de lo que debe ser un presidente y, por extensión, un político.

Trump (y Marine Le Pen, Geert Wilders, y Boris Johnson, y Nigel Farage, y Beppe Grillo) son otra cosa: ser más cercanos al pueblo implica para ellos ser deslenguados, a menudo zafios, groseros. Son lo que se llaman políticos sin complejos, una categoría —un eufemismo, en realidad— en la que no solo se incluye la demagogia, la xenofobia, el racismo, la mentira y la pura y simple ignorancia, sino también la mala educación y el desprecio hacia la institución que aspiran a dirigir o que se disponen a encabezar. No son, pues, políticos en el sentido de que quieren servir a su comunidad, porque para ello se requiere respeto a la institución, capacidad y vocación. Se les compara con el fascismo de entreguerras, pero quizá el símil más preciso sea con Silvio Berlusconi: peligrosos bufones con una agenda propia a menudo indescifrable. Lo cual no los hace menos peligrosos, cada tuit de Trump —el candidato siberiano— es un misil al sistema democrático estadounidense.

La añoranza de Obama no ha hecho más que empezar. "Abróchense los cinturones de seguridad y agárrense fuerte. El despegue en enero será duro", acaba su carta Mercedes Lizano.

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