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Claroscuros en Bulgaria y Rumanía

Eliseo Oliveras

Los dos países siguen bajo vigilancia especial de Bruselas diez años después de entrar en la UE

Ha mejorado la situación económica en ambos países pero persiste la corrupción generalizada y las deficiencias judiciales

Diez años después de incorporarse a la Unión Europea (UE), Bulgaria y Rumanía presentan un balance matizado. Ambos han logrado más crecimiento, una reducción importante de la pobreza y una mayor estabilidad sociopolítica dentro de la UE que si se hubiera retrasado su ingreso hasta subsanar sus graves deficiencias, con el riesgo de que la fatiga por los esfuerzos no premiados condujera a un colapso del impulso estabilizador. Pero acumulan sombras, ya que no se ha corregido la corrupción generaliza, se ha disparado la desigualdad, siguen muy lejos de la renta media europea y han perdido mucha población.

Como ambos países cojeaban peligrosamente por un disfuncional aparato judicial y la tolerancia hacia la corrupción, y Bulgaria, además, por la laxitud frente al crimen organizado, estrenaron un sistema especial de vigilancia de la Comisión Europea con la fijación de una lista anual de reformas a adoptar. El mecanismo, inicialmente previsto para tres años, continúa en vigor ante los deficientes progresos.

En el último informe del 2016, la Comisión Europea indicó que los avances de Rumanía contra la corrupción generalizada eran insuficientes, que la reforma del Código Penal estaba obstaculizada y que la independencia de los jueces y el cumplimiento de las decisiones judiciales seguían en cuestión. Respecto a Bulgaria, Bruselas criticó los retrocesos en la lucha contra la corrupción, los escasos progresos en la lucha contra el crimen organizado, la persistencia deficiencias judiciales y "la falta de determinación de las autoridades búlgaras" en corregir esas carencias.

EXCLUIDOS DE SCHENGEN

Aunque en España la corrupción, el nepotismo y la adopción de leyes y decisiones gubernamentales a la medida de los intereses de la banca, las eléctricas o empresas concretas se han convertido en moneda corriente, al estar Bulgaria y Rumania bajo supervisión especial sus problemas de corrupción mantienen a ambos excluidos de la zona Schengen sin fronteras.

Rumanía ha estado dirigida desde noviembre del 2015 por un Gobierno tecnócrata encabezado por el excomisario europeo Dacian Ciolos, que logró avances contra la corrupción. Pero su política de austeridad ha devuelto a los socialdemócratas al poder en las elecciones del 11 de diciembre con la promesa de subir salarios y pensiones, invertir en infraestructuras y mejorar la sanidad. El anterior líder del Partido Socialdemócrata (PSD), Victor Ponta, tuvo que dimitir el 5 de noviembre del 2015 a causa de las masivas protestas tras el mortal incendio de la discoteca Colectiv en Bucarest plagada de irregularidades. Ponta además está siendo investigado por fraude, blanqueo de dinero y evasión fiscal.

El actual líder del PSD rumano, Liviu Dragnea, no ha podido convertirse en primer ministro porque fue condenado en abril del 2016 por fraude electoral, aunque ha asumido la presidencia de la Cámara de Diputados. Dragnea ha designado como primer ministro al fiel Sorin Grindeanu, que ya ha indicado que gobernará al dictado de Dragnea. El nuevo Gobierno, ratificado por el Parlamento este miércoles, incluye ministros implicados en corrupción y escándalos, como la ministra de Empleo, Lia Olguta Vasilescu, acusada de soborno, corrupción y blanqueo, pero parte de las pruebas fueron rechazadas por los jueces al estimar que se habían obtenido ilegalmente. El nuevo ministro de Justicia, Florin Lordache, también se distinguió en el 2013 por diluir las leyes anticorrupción.

DERROTA APLASTANTE

Bulgaria celebrará elecciones anticipadas en abril tras la dimisión del Gobierno del conservador Boyko Borisov, de Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), a causa de la aplastante derrota en las elecciones presidenciales de noviembre de la candidata oficialista y de la victoria del independiente Rumen Radev, general en la reserva respaldado por los socialistas, al que Borisov tachó de prorruso para descalificarlo. Borisov, exguardia de seguridad del último dictador comunista, Todor Zhivkov, y al que la embajada de Estados Unidos consideraba próximo a círculos mafiosos según los cables de WikiLeaks, aspira a volver como primer ministro por tercera vez en el 2017, presentándose como mejor garante de la estabilidad para sus socios europeos y apoyándose en su pertenencia al Partido Popular Europeo (PPE). Su primer Gobierno (2009-2013) tuvo que dimitir ante las masivas protestas por la política de austeridad y los escándalos. Su segundo Gobierno (2014-2016) también estuvo rodeado de escándalos, como el descafeinamiento de la reforma judicial en el 2015.         

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