03 jul 2020

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GENTE CORRIENTE

«En el 'TBO' he tenido a unos amigos únicos»

JULIO CARBO

«En el 'TBO' he tenido a unos amigos únicos»

Carme Escales

'Grafópata' fascinado por los dibujos del 'TBO' desde niño, Lluís Giralt Llordés se afanó a localizar originales para coleccionarlos

Con la misma ilusión que mañana, al despertar, tantos niños y niñas descubrirán los regalos de los Reyes Magos, Lluís Giralt (Calaf, 1943) pasaba las páginas del TBO. En su infancia de posguerra, sin apenas juegos, ni televisión, Giralt quedaba abducido por los dibujos. Apenas hacía caso del texto de las viñetas. A él le cautivó el trazo de las imágenes. Tanto, que fue en busca de sus autores para hacerse con dibujos originales que, hasta hoy, guarda como oro en paño.

–¿Cuánto valían sus primeros TBO? Una peseta con 20 céntimos. Salía cada 15 días. Pero en casa no podíamos comprar el quincenal, solo de segunda mano. Los comprábamos en unas tiendas a las que mi madre llamaba cases de penja i despenja, donde vendían trajes de segunda o tercera mano, y también revistas. En Sabadell, donde nos trasladamos cuando yo tenía 8 años, había tres de esas tiendas.

–Los cómics eran la tele de su época... Sí, además de jugar en la calle y de ir a robar uvas e higos, era lo que nos distraía y con los amigos nos los intercambiábamos. 

–¿El tebeo auténtico era su preferido? Bueno, también me gustaba mucho la colección Azucena, con dibujos de Rosa Galcerán. Pulgarcito no me gustaba tanto. Me gustaba el TBO, sobre todo, porque sus dibujos eran menos exagerados, había en ellos más cosas de casa, más reales. La vacuna de la varicela me hizo una mala reacción y tuve que estar en cama unos días. Mi madre fue a buscarme los TBO. Por una peseta le dieron un montón. Me ayudaron muchísimo. También en otros momentos de la vida, los dibujos originales que es lo que colecciono en realidad, no el TBO en sí, me han hecho mucha compañía. Sí, en el TBO he tenido a unos amigos únicos, porque cada dibujo original es único, como las amistades, que cada una es única.

–¿Cómo lograba los dibujos originales? El primero fue por casualidad. Yo hacía la mili en Ceuta y un día de permiso entré en un bazar y vi, enmarcado, un original que se había publicado en el TBO. Me pedían 150 pesetas y regateé hasta 100. Hoy tengo más de 300. Mi esposa ha tenido una santa paciencia que le debo agradecer. Hace unos cinco años que ya no compro, son muy caros, se han revalorizado mucho. 

–Hoy se les da el valor que usted le dio desde niño. ¿Cómo daba con los autores? En el TBO figuraba la dirección de la editorial. Yo recogía trozos de hierro y cobre que encontraba y los guardaba bajo el lavadero de casa. Cuando tenía bastante, los iba a vender, y con lo que me daban, compraba el billete de tren para ir a Barcelona y allí preguntaba cómo llegar a cada dirección. En las editoriales me decían dónde vivían los dibujantes y estos me daban la dirección de otros. Había un trolebús que iba a Sant Just Desvern desde la plaza de Catalunya y, de un salto, me enganchaba en su trasera. Todo eso me hizo llevarme unos cuantos azotes de mi madre con su zapatilla, porque hacía novillos, me escapaba de Sabadell para ir a casa de los dibujantes.

–Era casi una obsesión. Obsesión y frenesí, soy un grafópata, y en mi web (www.grafopata.com) explico todo lo que sé del TBO. Para mí eran artistas los dibujantes. En las editoriales se han destruido tantísimos originales... Yo salvé algunos que les pedí y he montado unas 70  exposiciones, siempre con originales.

–¿A qué se dedicó profesionalmente? De los 16 a los 40 años fui viajante de tejidos, por Andalucía, Extremadura, Castilla y en Catalunya. Pero harto de viajar, y ya con dos hijos, empecé a trabajar con un amigo publicista y luego monté mi agencia de anuncios locales. Yo dibujaba los esbozos a mano. Hoy ya no quedan dibujos hechos a mano, de ahí su gran valor. En marzo, Ediciones B publicará un libro sobre la historia del TBO por su centenario.