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Obama trampea a Trump

Ramón Lobo

Donald Trump se encuentra a menos de tres semanas de entrar en el reality show más importante de su carrera televisiva: la presidencia de EEUU. Andará estos días preparando el discurso de investidura. Algunos presidentes, como John F. Kennedy, introdujeron en la memoria colectiva grandes desafíos, el de pisar la Luna, y frases inmortales: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por él”. Trump necesita algo así, un artificio que le meta en la historia.

Sus asesores se esfuerzan en confeccionar el mejor plantel de invitados a la fiesta de la inauguración. El poder necesita boato, apabullar. De momento, tienen problemas para encontrar artistas de alto nivel. Los más grandes apostaron por Hillary Clinton y no están por desdecirse. Nadie quiere quedar estigmatizado por una presidencia que se anuncia muy conservadora y rupturista con los usos de la política estadounidense.

Dicen que los Beach Boys estarían encantados en desempolvar su música playera en la fiesta del 20 de enero. De momento solo tenemos a Alec Baldwin, su imitador en Saturday Night Live, que se ha ofrecido a cantar Highway to Hell (Autopista al infierno) de AC/DC. Es una broma, una provocación al hombre del tuit caliente.

Mientras que el presidente electo se esmera en estos asuntos de Estado, el saliente, Barack Obama, está empeñado en regarle el camino de bombas de relojería. La más importante es la resolución 2334 del Consejo de Seguridad, que declara ilegales las colonias israelís en Cisjordania y Jerusalén Este, es decir, en los territorios ocupados según la legislación internacional.

UN CONDUCTOR BORRACHO

El primer ministro de Israel, Binyamin Netanyahu, que jamás se ha llevado bien con Obama, habló de emboscada. La resolución salió adelante gracias a la abstención de EEUU. Trump ha prometido dar la vuelta a esta situación. "Sé fuerte, Israel", dijo. Algunos republicanos han pedido que se congelen los pagos a la ONU como castigo.

Trump moverá la embajada de EEUU de Tel-Aviv a Jerusalén, una mudanza más que simbólica: reforzaría la reclamación israelí de que Jerusalén es su capital eterna e indivisible. El columnista del 'The New York Times', Thomas Friedman, judío, expertísimo en Oriente Próximo y autor de un libro esencial, 'De Beirut a Jerusalén', escribió hace unos días un texto en el que describía a Netanyahu como un conductor borracho. No es el único que tiene una mala impresión del primer ministro israelí. El periodista israelí Gideon Levy le considera un peligro para su país, mayor que Irán.

Friedman recuerda que Obama aprobó hace tres meses ayuda militar a Israel para los próximos diez años por valor de 38.000 millones de dólares, la mayor partida aprobada jamás por un presidente de EEUU. Philip Gordon, miembro del Council on Foreign Relations, sostiene que Netanyahu echará de menos a Obama. Su tesis es similar a la Friedman. Un Netanyahu sin frenos caerá en el error de anexionarse Cisjordania y convertir Israel en un remedo de la Sudáfrica del apartheid. Sobre Israel pende la campaña BDS (Boicot, Desinversión, Sanción) que empieza a arrrigar en algunos Gobiernos europeos y que tanto preocupa en Tel-Aviv.

Otra bomba de relojería para Trump es el pacto nuclear con Irán, aunque viene de lejos. ¿Intentará descarrilarlo? ¿Podrá romper un acuerdo que implica, además de su país, a Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania, y en el que está comprometida la ONU? Veremos cómo es el aterrizaje en la realidad del show de Donald Trump.

El mundo que Trump va a dirigir es complejo y no cabe en un tuit

El mundo que va a dirigir desde los mandos de la gran superpotencia es complejo. No cabe en un tuit ni en una bravata. Su 'love story con Putin', también castigado por Obama -que está tomando más iniciativas en sus minutos basura que en los ocho años de mandato-, está a salvo en Siria, donde ambos apoyan a Bashar al Asad. Pero es que detrás de Asad está Irán, enemigo de Netanyahu. ¿Cómo congeniar intereses opuestos? ¿Volverá a los brazos de Arabia Saudí?

Trump aspira a ampliar y modernizar el arsenal nuclear de EEUU. Su secretario de Energía, Rick Perry, habla de regresar a las pruebas atómicas. Esto no le va a gustar a Putin. Un temor: qué Trump nos encontraremos cuando se pelee con el líder ruso.

De momento, los problemas urgentes son encontrar un cantante que dé lustre a la ceremonia y encontrar el modo de acallar a Baldwin, que le ridiculiza cada sábado en uno de los programas de mayor audiencia. El actor ha ofrecido dejar el personaje si el Trump real enseña su declaración de la Renta. Baldwin sabe que tendrá trabajo seguro en los próximos cuatro años. Feliz año mientras dure.

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