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Mucho antes que Ferrante

Jordi Puntí

No salen en las listas de los más vendidos, ni entre los mejores títulos del año, pero es una evidencia en las librerías y redes sociales que últimamente dos autoras italianas han renovado la atención de los lectores: Natalia Ginzburg y Elsa Morante. La obra de Ginzburg se ha ido reeditando sin hacer ruido, al margen de las modas, y son ejemplos recientes 'Y eso fue lo que pasó' (Acantilado) y 'Léxico familiar' (Lumen). El caso de Elsa Morante parece más circunstancial: el año 2012, coincidiendo con el centenario de la autora, Lumen publicó 'Mentira y sortilegio', su primera novela, monumental, y una reedición reciente la ha vuelto a poner en circulación.

El descubrimiento de la autora napolitana por los lectores ha renovado el interés por Natalia Ginzburg y Elsa Morante

¿Por qué, pues, este interés renovado? La respuesta no parece difícil: Elena Ferrante. Desde hace unos tres años, los lectores entusiastas de la trilogía de las 'Dos amigas' y otros títulos de Ferrante nos hablan de ella como de un descubrimiento fabuloso, que rompe moldes. Pero en el fondo muchas de sus cualidades ya estaban en Ginzburg y Morante y aún en otras voces: la descripción de la vida de provincias en Italia, ya sea antes o después de la guerra; la sensibilidad para describir los repliegues de las amistades; los anhelos incumplidos, que el paso del tiempo puede transformar en silencios y rencores; el relato cotidiano a través de los vocabularios familiares...

De hecho, más allá del homenaje de un seudónimo que rima, la misma Elena Ferrante ha dicho más de una vez que Elsa Morante era uno de sus modelos literarios. Hay una lógica feliz, pues, en el hecho de que algunos de sus lectores quieran remontar la corriente de las influencias y, sin salir de Italia, vayan a parar a la Morante, a la Ginzburg. No son las únicas, por supuesto. En su misma cuerda, y cada una desde sus particularidades, yo añadiría a Ana Maria Ortese, de quien Minúscula ha publicado dos excelentes libros de relatos, 'El mar no baña Nápoles' y 'Silencio en Milán'. Menos conocida, Lalla Romano también encaja: 'Suaves caen las palabras' (Asteroide) y 'María' son buenas muestras de una obra larga y personalísima. Desde hace décadas en los estantes, esperan su momento. ¿Quizá en el 2017?