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Dos miradas

En el libro de las efemérides que han marcado el 2016, las muertes de escritores son notas a pie de página, pero nos obligan, al menos, a acercarnos de nuevo a sus obras

Tratamos de hacer un resumen del año y nos fijamos en los acontecimientos que marcan el curso de la historia, las elecciones decisivas, las guerras infames, los muertos en el Mediterráneo, la pobreza que no cesa, la crisis colosal que vive Europa y que este 2017 que está a punto de empezar puede derivar hacia un conflicto muy serio, hacia el inicio de una destrucción moral. Pero quizá dejamos de lado otras anotaciones del libro de las efemérides que han marcado el 2016 porque, de hecho, son notas a pie de página, marginales.

Hablo de las muertes de escritores, por ejemplo. Nos obligan, al menos, a acercarnos de nuevo a sus obras y a evocar todo aquello que aprendimos con ellos. Hablo de Kertész, que no solo nos enseñó el horror del nazismo sino que nos advirtió sobre el sufrimiento individual de quien volvió de la muerte y vivió con la culpa de una vida impostada. O de Umberto Eco, que nos habló de los signos y la modernidad y nos mostró los efectos benefactores del humor y la ironía, las armas más poderosas. O de Carles Hac Mor y su poesía intensa, más allá de los límites de la convención. O de Pep Subirós, que pensó en el paraíso de Tombuctú y en una izquierda preocupada por la cultura.

Me dejo muchos, pero no quisiera terminar el año sin un último homenaje a Montserrat Roig. Veinte y cinco años después, su prosa es viva, intensa, arrebatada, singular. Somos sus herederos y discípulos, sobre todo los que escribimos en este periódico.

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