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El tablero político catalán

La cumbre del referéndum

Andreu Pujol Mas

El viernes pasado era uno de esos días esplendorosos de frenesí prenavideño, con las tiendas llenas a rebosar, las calles más transitadas que nunca y las habituales despedidas deseando unas felices fiestas «por si no nos vemos». Son momentos de ilusión y de optimismo y todo el mundo está más animado de lo habitual. Al mismo tiempo, en el Parlament de Catalunya se desarrollaba una cumbre entre entidades de la sociedad civil, los partidos independentistas y el entorno de los 'comuns'. Se trataba de escenificar un consenso en torno a la idea del referéndum de autodeterminación, un concepto que une a más del 80% de la sociedad catalana según una encuesta publicada recientemente en este mismo periódico. 
 

Podría parecer que esta reunión para hablar del referéndum acordado era fruto del exceso de entusiasmo y del enternecimiento generalizado que se respira en este periodo del año. Quizá el Gobierno español y sus socios se ablandarían escuchando El tamborilero de Raphael, brindando con cava extremeño, y nos regalarían su visto bueno. No. 

La gracia de este Pacto Nacional por el Referéndum radica, precisamente, en los frutos que no dará. Radica en la constatación de que no se puede acordar nada con quien no tiene voluntad de llegar a un acuerdo. Será una herramienta muy útil para diferenciar quien habla de referéndum con la misma actitud de aquel que imagina qué haría si le tocara la lotería y quien verdaderamente está decidido a hacerlo. 

Pocos minutos después de la reunión del viernes ya se evidenciaban las diferencias. Por un lado Ada Colau y sus afines se esforzaban en no establecer plazos en el calendario y requerir como condición 'sine qua non' el beneplácito del Gobierno, que es el mismo que emplazó a pactar cuando las vacas vuelen. 

Por otro lado, Oriol Junqueras defendía que un referéndum pactado siempre ha sido la opción prioritaria del independentismo, pero que no se puede subyugar el futuro de los catalanes a lo que se determine desde 600 kilómetros de distancia. Esta es la cuestión. 

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