Opinión | EDITORIAL
El callejón sin salida de la desobediencia
La judicialización del 'procés' no es una solución, como tampoco lo es la desobediencia de la ley en que ha incurrido el concejal de la CUP Joan Coma

jrico36272104 barcelona 13 11 2016 politica acto soberanista o independen161227132349 / periodico
La frase «Hace tiempo que pedimos desobediencia. Nosotros (la CUP) hemos dicho que para hacer una tortilla primero hay que romper huevos» (en referencia al Tribunal Constitucional) le supuso al concejal del Ayuntamiento de Vic Joan Coma (CUP) una denuncia por presunto delito de incitación a la sedición. Después, Coma se negó a acudir a declarar a la Audiencia Nacional, y este martes los Mossos d’Esquadra, en cumplimiento de la ley, lo detuvieron y lo transfirieron a la Guardia Civil.
Coma, pues, ha sido detenido por no presentarse ante el juez, al igual que sucedió con los cinco simpatizantes de la CUP que quemaron unas fotos del Rey o la alcaldesa de Berga, Montserrat Venturós, que colgó en el consistorio una estelada en jornada electoral. Son tres ejemplos de la espiral de judicialización y desobediencia en la que se encuentra la parte del 'procés' protagonizada por el activismo de la CUP en la calle y algunas instituciones. Hay otra parte del 'procés' judicializada (la que afecta al 9-N y al Parlament) en la que no ha habido desobediencia a la citación de acudir a declarar.
CUMPLIR Y HACER CUMPLIR LA LEY
Políticamente, esta vez la CUP no ha cargado con dureza contra el Govern por el papel de los Mossos (que no puede ni debe ser otro que el de cumplir y hacer cumplir la ley). Además, el apoyo de los 'comuns' a Coma, con Ada Colau a la cabeza, ha sido explícito e inequívoco. Después de la cumbre del pasado viernes en la que los 'comuns' y el independentismo se pusieron como objetivo un referéndum pactado, se perfila así un amplio frente de rechazo a la judicialización del 'procés'. El argumento –que la solución a un problema político como el catalán no se dilucidará en los tribunales sino en la arena política– es muy sólido. Ahora bien, también lo es que la desobediencia no es una salida ni un camino, y que la vulneración de las leyes conlleva de forma automática la acción de la justicia, en una espiral que tensiona la sociedad y que cierra la puerta a cualquiera solución negociada.
Para el independentismo radical, estos actos de desobediencia son la antesala del auténtico objetivo, el referéndum unilateral, ya que dan por imposible una consulta pactada. Mas allá de que si hablar de tortillas y huevos es incitación a la sedición o no, el arresto de Coma es un recordatorio de que la desobediencia es un callejón sin salida.
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