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RELACIONES FAMILIARES

Paz, amor y tiranía

Lucía Etxebarria

La Nochebuena es una fecha del año en la que se realizan más intervenciones por violencia doméstica y se reciben más denuncias

Vivimos en la dictadura de la felicidad permanente. La felicidad es una obligación, una tiranía en una sociedad donde el éxito, la frivolidad, el consumo son los valores predominantes. Nos venden antidepresivos, cursillos, libros para lograrla. Nos han hecho creer que la felicidad se compra. Nos medicalizan la tristeza.

Bajo la tiranía de lo individual y del narcisismo no hay sitio para los que tenemos el mal gusto de ponernos tristes o melancólicos. La tristeza es propia de los perdedores. En estos tiempos de felicidad impuesta a golpe de talonario, a la tristeza se la ve como algo vergonzante, una lacra que debe ser erradicada. Ser infeliz es ser disidente.

ESPEJISMO COLECTIVO

Toda esta tiranía de la felicidad se radicaliza en la Navidad. Y para consumar el espejismo colectivo, hay que ocultar algunas verdades incómodas debajo de la alfombra. Ocultar por ejemplo el hecho de que la familia es la institución más violenta de la sociedad, excepto el ejército en tiempos de guerra. Lo dijo Lévi-Strauss. Y se confirma desde la perspectiva de la Unidad de Valoración Forense Integral. Los que trabajan en el ámbito de la prevención de la violencia ya saben, porque lo ven cada día, que la violencia más frecuente es la familiar. Y que  la realidad cotidiana es mucho peor que sus estadísticas, pues a la unidad solo llega una ínfima parte de los casos que se denuncian. 

Bajo la dictadura de lo individual y del narcisismo no hay sitio para los que tenemos el mal gusto de ponernos tristes o melancólicos

Sin querer ser alarmistas hay que decir que ese estereotipo idílico de que la familia es el lugar perfecto no es real. Esa idea de que la familia es una organización de miembros que se apoyan mutuamente, que se quieren, que se protegen... es impuesta y no responde a un canon universal. Muchas familias no solo no son idílicas sino que son peligrosas. La vergüenza y la culpabilidad de sus miembros, la obsesión consumista de la felicidad impiden que se hable de ello

COMPARTIR EL DOLOR

La Nochebuena es una fecha negra para la violencia familiar. En cualquier comisaría les confirmarán que es la noche del año en la que se realizan más intervenciones por violencia doméstica y se reciben más denuncias. También en fechas navideñas aumentan los intentos de suicidio y las consultas por ansiedad y depresión. Tener una familia disfuncional o encontrarse solo es duro para cualquiera, pero se hace mucho más duro si a tu alrededor están haciéndote creer que eres un paria y un bicho raro. Que no eres como el resto.

Y no hablemos ya de los propósitos de año nuevo o del balance del año. Añádanle a la depresión de las reuniones familiares la frustración por no haber cumplido los objetivos propuestos. Drama seguro.

Suelo tocar el tema cada año y en público me llaman de todo: Grinch, aguafiestas, amargada, bruja, resentida… Pero en privado recibo mensajes de gente desesperada, sola, ansiosa. Y sé que cuando esa gente entiende que su problema no es aislado, que no son parias, que mucha gente se siente como ellos, el dolor se calma. Un poco.

En Navidad nos invitan a compartir la alegría para multiplicarla. Compartamos también el dolor para disminuirlo.

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