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Los sábados, ciencia

Estadísticas, posverdades y grandes mentiras

Pere Puigdomènech

Los principios con los que trabaja la ciencia deberían usarse para elaborar y analizar datos sociales

Nos guiamos por estadísticasencuestas y estudios. Parece que últimamente hay encuestas que no aciertan y hay personas con responsabilidades públicas que hacen afirmaciones sobre temas de salud o de medioambiente que tarde o temprano se demuestran falsas. Esto ocurre incluso cuando hay gente que ha estado haciendo esfuerzos para responder a estas cuestiones de la manera más fiable posible. En algún momento alguien debería tener en cuenta que la investigación científica hace tiempo que tiene maneras de tratar estos casos.

De forma repetida encontramos informaciones sobre estudios que se plantean alguna cuestión de interés público. Las encuestas políticas son el mejor (o peor) ejemplo. Se hacen preguntas a un número de gente y se sacan conclusiones sobre el estado de la opinión. Últimamente las predicciones hechas por ese medio han demostrado sus limitaciones. Para alguien que trabaje en investigación científica, esto no extraña a nadie. Los resultados de mediciones en experimentos solo tienen sentido cuando se repiten de forma sistemática y se analiza la desviación que se presenta en el conjunto. 

Los científicos estamos acostumbrados a formular opiniones aunque vayan contra las posiciones mayoritarias

Saber si una medición es diferente de otra implica comparar lo que significa esta desviación. En las encuestas, por ejemplo, habría que incorporar el margen de error que tienen los datos para deducir el significado de su valor, y eso no lo encontramos nunca. No es de extrañar que finalmente sirvan de bien poco.

CONCLUSIONES MOLESTAS

Pero por muy bien que haya sido hecho un estudio o una gran colección de estudios, puede ocurrir que sus conclusiones sean molestas para alguien. Hay casos bien conocidos, como son los efectos del tabaco o el cambio climático, pero hay multitud de otros ejemplos. Se trata de cuestiones complejas en las que llegar a conclusiones definitivas es difícil y que dan lugar a conclusiones diferentes incluso entre científicos.

La ciencia se construye a partir de la confrontación intelectual entre posiciones que pueden divergir. Defender la libertad de formular sus opiniones aunque vayan contra las posiciones mayoritarias es algo a lo que los científicos estamos acostumbrados. Esto en algunos casos puede producir perplejidad entre el público y puede dar lugar a que alguien se base en opiniones minoritarias para defender sus posiciones o sus intereses.

Esto no quiere decir que las opiniones mayoritarias no existan y que a la hora de tomar decisiones no sean válidas. Cuando se encontró el vínculo entre el hábito de fumar tabaco y el riesgo de tener cáncer de pulmón, hubo investigadores que no estuvieron convencidos de eso hasta que las pruebas fueron definitivas pese a que las industrias tabacaleras subvencionasen investigaciones que fueran en sentido contrario.

Hay una opinión mayoritaria entre científicos sobre la validez de la teoría de la evolución, sobre la seguridad de los cultivos de plantas modificadas genéticamente o sobre los efectos de la actividad humana sobre el cambio climático. En diferentes grados puede haber científicos que tengan opiniones diferentes a las de la mayoría y que haya que tenerlas en cuenta.

VERDAD PROVISIONAL

Lo que pasa es que cada vez más cuestiones que tienen que ver con los resultados de análisis científicos tienen impacto sobre el debate social y político, y este tiene unos parámetros que no tienen mucho que ver con la manera en que se construye la verdad científica, que por definición es siempre provisional. Quizá el caso más flagrante actualmente es el debate sobre el cambio climático.

Las conclusiones basadas en los mejores análisis de las observaciones climáticas han venido siendo crecientemente convincentes. Hay científicos que expresan su escepticismo sobre algunas conclusiones, pero la necesidad de acciones políticas y sociales se está imponiendo. Estas acciones deben ser necesariamente globales y pueden tener efectos sobre la economía.

Por lo tanto, alguien prefiere basar sus propuestas políticas en medias verdades o posverdades alejadas de las conclusiones más sólidas de la ciencia para defender sus intereses, lo que puede terminar siendo peor. Estaría en el interés de todos utilizar algunos de los principios con los que se trabaja en ciencia tanto para elaborar los datos estadísticos que utilizamos como para concluir sobre cuestiones que nos acaban afectando a todos. 

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