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IDEAS

Jim Carrey, en el papel de Scrooge, en Cuento de Navidad, de Robert Zemeckis.

Nuevo cuento de Navidad

Josep Maria Pou

Me gustaría escribir hoy aquí, en el breve espacio que ocupa esta columna, un cuento de Navidad. Me gustaría tener el verbo de Dickens, la inspiración de la Dinesen y la mirada de Chejov. Me gustaría. Pero soy el que soy: un hombre de mi tiempo. Y, como tal, ajado, romo, aplastado, desgastado (si no mal acabado), limitado.

Me gustaría ser capaz de inventar otro Scrooge. Más tierno. Más humano. Redimirle de su negra fama. Cantar la tonada del prestamista honrado. O las aleluyas del banquero desprendido. Cantar y cantar y que del cantar salga el cuento. Y tirando del hilo del cuento, sacar a volar la cometa del nuevo Scrooge. Blanca, limpia, solidaria; en la cola, agavillados, los pos-it de los buenos deseos, el propósito de enmienda, el aguinaldo a hurtadillas, la dádiva a espuertas, la otra mejilla, el pavo trinchado y las claras a punto de nieve. Me gustaria.

Pero cuando pienso “justo”, el teclado escribe “injusto”. Deletreo “hermoso” y la pantalla dice “horrendo”. No puedo ir contra mi tiempo. Le pido a Siri que me encuentre al Scrooge de estas Navidades y el ordenador se llena de negritas: “dinero cobrado de más”, “clausulas de suelo abusivas”, “falta de transparencia”, “engaño masivo”. Me rindo a lo inevitable: Scrooge sigue siendo Scrooge. Está claro que el Espiritu de las Navidades Futuras hizo muy mal su trabajo: el arrepentimiento era falso, la contricción fingida. Y cuando voy a pedirle a Dickens que lo despida, que lo borre del cuento, suena el tintineo de entrada y aparece un correo urgente: “Formidable varapalo judicial a la banca. Tendrán que devolver el dinero cobrado de más”.

Me digo que ahora sí. Que en el nuevo cuento de Navidad que pretendo, los espiritus de las navidades (pasadas, presentes y futuras) se moldearán en uno solo de nombre rimbombante: “Tribunal de Justicia de la Unión Europea”. Y que, por fin, resplandecerá la verdad. Y que, por fin, se impartirá justicia.

Y caigo en la cuenta de que ya tengo el cuento. Porque eso es lo que es: un cuento.

Temas: Navidad

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