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Editorial

Dolors Monserrat, en el Congreso.

JUAN MANUEL PRATS

El Erasmus español

El programa que anuncia la ministra Montserrat tiene aspectos positivos y otros que generan incertidumbre

Reforzar la «cohesión nacional» y formar jóvenes más «emprendedores, emancipados y solidarios» son, según la ministra Dolors Montserrat, los objetivos del Erasmus español que el Gobierno quiere promover entre jóvenes de 14 a 18 años que cursan tercero de ESO y segundo de bachillerato. La iniciativa, si se hace el esfuerzo de obviar el poso a lo «españolizar a los niños catalanes» que contiene, puede ser positiva en términos de conocimiento mutuo y generar experiencias personales entre los alumnos, al estilo del popular programa europeo. Pero el Gobierno hará bien en escuchar las advertencias de pedagogos y educadores, que avisan de que será muy importante centrar esfuerzos en ámbitos como el de la acogida de los alumnos. A diferencia del programa universitario, en este caso se trata de menores de edad que vivirán un curso escolar alejados de sus hogares y de su entorno social, cuando a esas edades el grupo es muy importante. El programa habrá de velar por la acogida, el acompañamiento y el correcto desarrollo educativo. El Erasmus español también corre el riesgo de que tenga destinos muy atractivos (grandes ciudades como Barcelona y Madrid) y en cambio otros menos solicitados y que profundice desigualdades por renta de las familias.

También hay que evitar que los menores sean utilizados en un problema político. La «cohesión nacional» de España no se solucionará compartiendo bachilleres, sino con valientes decisiones políticas.

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