26 sep 2020

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Debemos resistir al miedo y defender derechos y valores

Una familia huye de un ataque rebelde en la ciudad sursudanesa de Rank, el pasado viernes.

REUTERS / MOHAMED NURELDIN ABDALLAH

Ante el terror global, humanidad

José María Vera

Llegamos a un fin de año ahogado en violencia y muerte. Siria se desangra en una guerra sin fin, sostenida desde el exterior por quienes deberían proteger a la población civil y sentar las bases de la pazUn terrible atentado en Berlín, el último de una sucesión, de Turquía y Francia a Iraq y Afganistán, pasando por varios países africanos. Miles de seres humanos que huyen de la violencia, ahogados en el Mediterráneo, la vía más insegura que Europa ofrece para salvar la vida. Conflictos olvidados como el de Sudán del Sur, República Centroafricana o el Lago Chad, donde se muere en medio de la indiferencia. Ni para un breve dan.

DEFENDER DERECHOS Y VALORES

En un tiempo así no hay otro camino que resistir a la frustración y al miedo, y defender derechos y valores, empezando por la defensa de la vida humana. Cualquiera, todas. Son inaceptables los mensajes que pretenden priorizar muertes y comparar sufrimientos. Ante la violencia todas las personas somos iguales.

Cuando se produjo el atentado de Berlín había dudas sobre su autoría. Sin embargo, bastó la mera sospecha para que se alzaran duras voces contra refugiados y solicitantes de asilo y contra los pocos líderes europeos sensibles al sufrimiento humano, exigiendo al tiempo más dureza con quienes se ahogan en el mar o se hielan en los caminos. ¿De verdad alguien piensa que es posible ser más duro e insensible?

Recordemos que, precisamente, las personas refugiadas huyen del terror que abate sus calles y casas. Por supuesto que un Estado puede y debe defender a su población. Sin embargo, esto no puede hacerse a base de destrozar el derecho humanitario y los derechos de los refugiados, al tiempo que se dinamitan los valores y principios europeos.

LOS MUROS, UN ERROR

Si alguien piensa que la mejor manera de garantizar nuestra seguridad es aislarnos tras un muro más alto, no puede estar más equivocado. Para empezar porque es imposible. Cuando el ser humano, por frágil que sea, siente su vida en peligro, se arriesgará al máximo para salvarla. Los muros y las cuchillas solo aseguran los miserables ingresos de las mafias que explotan a más del 70 % de quienes se desplazan. Los muros y el miedo es precisamente lo que buscan los asesinos terroristas. Su éxito reside en la polarización extremista y en acentuar los agravios y el victimismo. El racismo y la xenofobia los alimentan como lo hace la laminación de la identidad europea abierta e inclusiva.

Si alguien aun piensa que esto es un conflicto de civilizaciones demuestra que no tiene ni idea de nada. La mayor parte de las víctimas del terror son musulmanes. Los cientos de miles de muertos sirios son fruto del choque entre suníes y chiíes, apoyados por potencias regionales y globales. Hasta España hace su modesto aporte en forma de armas y alianzas con Arabia Saudí, actor y financiador de extremismos.

Finalmente, si alguien siente en este crudo fin de año que no tenemos solución, le animo a que se acerque a las organizaciones humanitarias. Sea en Mosul o en Alepo, en Bangui o en Juba, nuestros equipos trabajan en las situaciones más extremas. Al tiempo, tenemos el privilegio de ver lo mejor del ser humano, su capacidad de lucha,  de superación y de compartir. De acoger, sí, de acoger al diferente. Para muestra, vean estos emocionantes videos de historias entre griegos y sirios: http://www.museumwithoutahome.gr/en. Y crean.