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El ayuntamiento quiere consolidar una fórmula propia de coooperativa

El terreno de las futuras viviendas colaborativas de La Borda, en Can Batlló, en Sants-Montjuïc.

IDA JANSSON

'Covivienda' en Barcelona

Josep Maria Montaner

Es cierto que las cooperativas de vivienda no son una novedad en una ciudad como Barcelona. Pero también es cierto que en cada período han adoptado unas características bien definidas, de acuerdo con los tiempos. Existieron cooperativas en los años cincuenta y sesenta -como la del Sagrado Corazón de Jesús, Montseny y otros- que realizaron promociones de vivienda paralelamente a las oficiales, de la Obra Sindical del Hogar y del Patronato Municipal de la vivienda, y que fueron pensadas para acceder a la propiedad durante la crisis de vivienda del franquismo. Hubo una nueva generación de cooperativas en Catalunya en los años setenta, en la época de la transición, que aprovechó el impulso renovador de nuevos modos de vivir, como el que se expresó en el Walden 7. Y aún pervive una reciente generación de cooperativas -esencialmente la de la FAVB, hoy llamada Soluciones, la de CCOO y la UGT, que en las dos últimas décadas han realizado viviendas en suelo municipal, cedido por permuta o venta, siempre para hacer vivienda que acaba siendo de propiedad para clases populares y medias.

Y no solo ha habido varias generaciones de cooperativas en Barcelona, ​​sino que en todo el mundo hay varios modelos, especialmente en países nórdicos como Suecia. El más famoso, sin embargo, es el modelo Andel, que ha funcional muy bien hasta la reciente ola neoliberal en Dinamarca. Y está la preciosa experiencia de las cooperativas de vivienda en Uruguay, que se subdivide en cooperativas de ayuda mutua y de ahorro previo, pudiendo ser las primeras de nueva planta y de rehabilitación.

UN MODELO PROPIO

En la última década, el Patronat Municipal de la Vivenda promovió una fórmula próxima a la compra, pero manteniendo la propiedad municipal del suelo, que es el derecho de superficie, con un coste algo inferior al del mercado. Y en el anterior mandato se inició tímidamente una nueva solución, la de la cesión del derecho de uso a dos cooperativas, Sostre Cívic, en la calle Princesa, y la Borda, en Can Batlló, para iniciar un nuevo experimento que ahora el actual ayuntamiento quiere sistematizar y consolidar, promoviendo una nueva generación de cooperativas de vivienda en cesión de uso y creando una fórmula propia barcelonesa de covivienda.

Con este objetivo se ha abierto el concurso de licitación pública de siete solares en la ciudad, en los distritos de Sants-Montjuïc, Ciutat Vella, Horta-Guinardó, Nou Barris, Sant Martí y Sarrià-Sant Gervasi. Se podrán construir unos 133 pisos y el plazo de presentación de propuestas termina el 9 de febrero del 2017. Barcelona, ​​por tanto, está elaborando un modelo propio, tomando referencias internacionales y aprendiendo de la propia experiencia. Se ha llamado 'covivienda' para diferenciarlo de las cooperativas de vivienda en propiedad y sin servicios comunitarios, ya que el acceso a la propiedad de la vivienda por sistema cooperativo no se incluye en esta nueva generación de promociones.

CAMBIO DE PARADIGMA

Ahora las condiciones claves son que la propiedad del suelo sigue siendo pública y la cooperativa construye el edificio y gestiona el uso. Los dos aspectos que se priorizarán más a la hora de elegir la cooperativa que obtenga la licitación son el proyecto de corresponsabilidad en la gestión de la vida comunitaria, aportando la definición de espacios colectivos, y el compromiso con un modo de vida sostenible, basado en el ahorro energético, la disminución del consumo, el uso de materiales saludables y la reducción de emisiones; además de la cohesión del grupo cooperativo, la calidad del proyecto arquitectónico y técnico, y la fiabilidad de la propuesta de financiación.

Poder disponer de suelo prácticamente gratuito (se pagará una cuota simbólica) es la mejor aportación que puede hacer el Ayuntamiento para promover la nueva covivienda, además de apoyo técnico y orientación para conseguir financiación, prioritariamente de la banca ética.

Esta propuesta, que consta en el Plan por el derecho a la vivienda en Barcelona (2016-2025), que tiene como uno de sus objetivos de haber promovido unas 535 coviviendas al final de la vigencia del Plan, implica un cambio de paradigma en las políticas de vivienda, potenciando una fórmula alternativa, la cesión del uso, que evita la especulación, garantiza la estabilidad en el tiempo de los usuarios y fomenta la vida comunitaria.

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