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Ventana de socorro

La Navidad, en lugar de días de recogimiento, se ha convertido en un frenesí de carreras por la ciudad para complacer a todos menos a uno mismo

Querida familia: esta Navidad quiero pediros un regalo. Es el siguiente: que no me hagáis regalos y que me eximáis de la obligación de hacéroslos a vosotros. Algo ha cambiado en los últimos años, será que trabajo demasiado, que aumentaron mis obligaciones, pero de ser una defensora de la Navidad, he pasado a temerla. Es como si hubiera dos navidades: la de mi casa con su ritual del árbol, el belén, las luces; y la de puertas para afuera con las cenas de empresa, de amigos invisibles, los desmedidos menús con tropecientos entrantes y excesivos segundos, días enteros de preparativos, visitas al supermercado, juntar todas las mesas y las sillas de la casa, para luego ver cómo la mayor parte de las viandas se quedan en las fuentes porque es imposible engullir todo eso.

La Navidad, en lugar de un momento para el recogimiento y la calidez en la oscuridad del invierno, se ha convertido en un frenesí de carreras por la ciudad para complacer a todos menos a uno mismo. Todo eso me agota, me entristece y me hace daño. Mis hijos, como imagino que los vuestros, tienen tantos juguetes que una vez los sacan de las cajas, pasan a formar parte de una amalgama informe que nadie vuelve a tocar, porque el crío solo vive pendiente de las pantallitas. También yo tengo demasiados objetos en casa, demasiados cacharros en los estantes, demasiadas prendas en los cajones. Es posible que algunos estén pasados de moda o que yo esté harta de vérmelos, pero no son razones suficientes para acumular más y más.

Sé que los abuelos fueron pobres, que haber crecido a la sombra de la escasez nos hace admirar la abundancia, pero ahora vivimos otra época en la que el tiempo y el equilibrio son lo más valioso. Tiempo para hacer lo que queremos, nada, o una sola cosa tan despacio como nos apetezca. Regaladme eso, horas para veros, escucharos, estar juntos en calma sin correr durante días de la oficina a una tienda, de la tienda al supermercado, del mercado al centro comercial, en busca de objetos que demasiado pronto todos habremos olvidado.

Temas: Navidad Consumo

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