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EL RADAR

Diputadas de la CUP rompen fotografias del Rey en el Parlament.

EFE TV

La CUP: Agobiar a la derecha, estresar a la izquierda

Joan Cañete Bayle

El partido antisistema despista a muchos ciudadanos porque es imposible analizarlo con los mismos parámetros políticos que a otras formaciones

Es conocida la frase con la que David Fernàndez resumió el objetivo de la CUP en el Parlament: “Agobiar a la derecha y estresar a la izquierda”. La pronunció en la primera rueda de prensa de los tres primeros diputados de la la Candidatura d'Unitat Popular en el Parlament, en el 2012. Eran otros tiempos. La CUP tenía tres diputados que no eran decisivos en el juego de mayorías parlamentaria, y en su trabajo de “agobiar a la derecha y estresar a la izquierda” el movimiento antisistema, de raíz municipalista, con una dilatada experiencia de activismo y política en las calles, se convirtió para muchos en un agradable descubrimiento. Porque en efecto agobiaba a la derecha con su impacable azote a los recortes del Govern de Artur Mas, y estresaba a la izquierda, a la de toda la vida y a la que se gestaba alrededor del estado de ebullición del 15-M y la plaza de Catalunya, donde conviene recordar que la ‘estelada' no era ni mucho menos predominante.

Esa CUP era simpática, caía bien, hizo un muy buen trabajo en el Parlament. Sin ser 15-M, aglutinó a muchos que se acercaron al independentismo desde la plaza de Catalunya. Compartían con ellos la enmienda a la totalidad al modelo de la transición (no solo a la estructura territorial del Estado) y la defensa de un nuevo modelo político (de base y no piramidal) y de relaciones económicas (esta crisis es una estafa). Todo ello desde una postura independentista que sostiene que solo empezando de cero en Catalunya hay posibilidades de un cambio real.

DESORIENTACIÓN

Hoy, la CUP ya no cae tan bien. Han sucedido muchas cosas por el camino: un gran éxito en las elecciones del 2015, en las que logró diez diputados que ahora sí son aritméticamente decisivos, el pulso para descabalgar a Mas de la presidencia de la Generalitat, la asamblea del 1.515, la división interna, la convulsa relación con Junts pel Sí, la consolidación del espacio de los Comuns, y una feroz campaña de hostigamiento y ridiculización desde filas pro y anti independentistas. Y la CUP ya no solo agobia a la derecha y estresa a la izquierda, sino que desorienta a muchos ciudadanos.  “¿La CUP desea realmente que se cree la República Catalana? Si es así, ¿por qué se dedica ahora a perder el tiempo y en marear la perdiz desgarrando y quemando fotos del Rey? Con la República Catalana, ya no tendríamos de Rey, ¿verdad? De momento, más que desconectarse del Estado, lo que está haciendo la CUP, con un máximo de frivolidad, es desconectarse del independentismo” (Henry Ettinghausen, La Pera); “La CUP consigue debilitar el Govern independentista (máximo anhelo de personas como José María Aznar) y volverlo casi inoperante. Llevamos 15 meses desde las elecciones del 27 de septiembre del 2015 y todavía estamos funcionando con un presupuesto de la época de los recortes” (Agustí Delgado, Blanes). “Un acto de desobediencia y soberanía es la aprobación de los presupuestos de la Generalidad, que recogerán la partida necesaria para poder convocar un referéndum el próximo septiembre” (Jordi Zabala, Rubí).

A cierta izquierda, la CUP la despista porque permitió la investidura de Carles Puigdemont con el argumento de la independencia. A cierta derecha y muchos soberanistas, porque se resiste a aprobar los presupuestos a pesar del objetivo común de la independencia. Unos la ven muy dura con Puigdemont. Otros suspiran por que fuera tan dura en el Parlament  como lo es en el Ayuntamiento de Barcelona con Ada Colau. Y por el medio, denuncian sin complejos el intolerable machismo que sufren sus diputadas, desobedecen a la justicia española, rasgan fotos del Rey y critican a los Mossos d’Esquadra por hacer su trabajo, lo cual desconcierta (solivianta, irrita, el verbo varía según el grado de hiperventilación) incluso en las filas soberanistas.

DE RATO A CAN VIES

Como escribió en este diario Roger Palà, hay un intento de dibujar dos CUP, una buena (para el procés) y otra mala. Pero más allá de los juegos políticos, es cierto que hay muchas personas despistadas con ellos, que pensaron que David Fernàndez le lanzó la sandalia a  Rodrigo Rato por simbolizar la corrupción española, que añoran su abrazo con Mas el 9-N y que parece que prefieran olvidar la foto del entonces diputado a un palmo de los antidisturbios en Can Vies. La CUP despista porque es imposible analizarla con los mismos parámetros políticos que al resto de partidos, lo cual la convierte a ojos de muchos en un actor desconcertante, irracional y poco de fiar. Pero si el objetivo es agobiar y estresar, hay que admitir que lo cumple con creces.

Temas: CUP El Radar

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