Premio a una investigación de EL PERIÓDICO

Periodismo imprescindible

Conocer los casos de abusos sexuales es una bofetada de realidad que exige un cambio legislativo

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LEONARD BEARD

LEONARD BEARD / LEONARD BEARD

Un sentido agradecimiento para la magnífica labor de investigación periodística que ha llevado a cabo EL PERIÓDICO desde que el 4 de febrero destapó el caso de abusos sexuales en el colegio de los Maristas de Sants y que ahora se ve reconocida con el Premio Ramon Barnils. Gracias porque los abusos sexuales a menores son una lacra que nuestra sociedad no puede permitir y que lamentablemente sucede más de lo que muchos imaginan. Gracias porque 10 meses de trabajo serio y alejado del morbo han provocado cambios en nuestro sistema de protección a la infancia y que estemos mejor dotados para combatir los abusos en los centros educativos.

Se calcula  que hasta el 15% de menores sufren algún tipo de abuso a lo largo de su infancia

En España, los últimos datos del Ministerio del Interior son de 2014: 3.732 menores sufrieron violencia sexual, lo que aumenta en 368 casos el número del año anterior (3.364). Se calcula que hasta el 15% de los menores sufren algún tipo de abuso a lo largo de su infancia, aunque los casos que se acaban detectando no llegan ni al 1%. Según los atestados policiales en Catalunya, 644 menores fueron víctimas en el 2015 de este tipo de abusos, 37 de los cuales se produjeron en centros educativos y 12 en centros de menores. Recordemos que estos datos son únicamente aquellos que han sido denunciados. El silencio asociado a los abusos sexuales nos hacen temer que los números son mucho más altos.

UN CRIMEN QUE SE ALARGA EN EL TIEMPO

Los devastadores efectos emocionales, psicológicos y de desarrollo hacen que crimen se alargue en el tiempo a través de profundas y graves consecuencias. El estigma y el trauma derivados de esta agresión, la incomprensión y vergüenza, así como que muchas veces los abusos son producidos por personas del círculo de confianza del niño, suponen que las niñas, niños y adolescentes de los que se abusa no lo denuncien. Y si lo hacen, encuentran un sistema judicial hostil y poco adaptado a sus derechos y necesidades.

Manuel Barbero, el padre que denunció los abusos sufridos por su hijo y que destapó el escándalo de pederastia en colegios de los Maristas de Barcelona, fue también víctima de un agresor sexual. Sucedió cuando tenía 11 años. Imaginen qué debió sentir cuando su hijo le contó su caso. Algo parecido le sucedió a James Rhodes, el pianista inglés que se ha convertido en la cara más visible de la lucha contra los abusos sexuales. En un encuentro que tuvimos con él hace unos meses nos contó que su mayor temor era que su hijo pasara por lo mismo. «Cuando tu hijo alcanza la edad a la que te violaron, todo explota, te das cuenta del peligroso mundo en el que vives y de su indefensión. Cuando mi hijo cumplió 5 años no pude soportar toda esa presión. Fue mi primer intento de suicidio».

Todos fallamos  de una u otra forma cada vez que se produce un caso en nuestro país

LOS FALLOS DEL SISTEMA

Todos fallamos de una u otra forma cada vez que se produce un abuso a un menor en nuestro país. El silencio de los que saben o sospechan. Los fallos del sistema policial y judicial son cómplices. En Save the Children tenemos claro que para terminar con esta lacra es necesario un gran acuerdo social. Un compromiso que involucre a todas las administraciones y que se traduzca en una ley para combatir la violencia contra la infancia que aúne prevención, intervención, detección y restaure el daño infligido. Una ley que proteja a los niños y niñas frente a cualquier tipo de violencia y que, como se logró en el caso de la violencia de género, la convierta en socialmente intolerable. Hasta que no la tengamos, todo lo demás serán parches más o menos afortunados, pero poco ambiciosos.

EL APOYO DE TODA LA CIUDADANÍA

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Para conseguir este cambio legislativo necesitamos del apoyo de toda la ciudadanía. El trabajo de investigación de este diario ha hecho que nuestra sociedad esté mucho más concienciada y que los abusos sexuales dejen de ser tabú. Hace unos días en estas páginas se decía que 305 menores visitaron el año pasado la unidad especializada en abuso sexual infantil de los hospitales de Sant Joan de Déu y Germans Trias. Un chico o chica por día. Todo parece indicar que este 2016 el número de casos denunciados va a ser superior.

Aunque es indignante que haya un solo caso de abusos sexuales en Catalunya, la buena noticia es que están saliendo a la luz. Es una bofetada de realidad que nos indigna y que nos mueve a exigir un cambio del sistema de protección de los niños. Es fundamental garantizar mecanismos de denuncia que les sean fáciles y amigables y crear espacios seguros para que los niños puedan expresarse, tanto si son víctimas como si conocen algún caso. Los niños tienen voz y no podemos robársela. Debemos escucharles.