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Dos miradas

Fernando Blanco Botana, padre de Nadia Nerea.

ACN

El oscuro Blanco

Josep Maria Fonalleras

Con Fernando Blanco nos hallamos ante la más estricta voluntad de estafar, sin más, como ha pasado tantas veces que se ha usado el cebo de un niño desvalido

A medida que se van sabiendo detalles de la aventura del señor Fernando Blanco, el padre de Nadia, la cosa se vuelve cada vez más oscura y, a la vez, más rocambolesca. Quizá es enrevesada justamente porque nace del oscuro deseo de jugar con las buenas intenciones, una mina donde se ha usado una menor sin miramientos ni altura moral. Alguien ha comparado la historia con la de Enric Marco, aquel que hizo ver que había sido sometido a la brutalidad de los nazis y que luego tuvo que confesar que casi todo era una invención.

Marco, sin embargo, al menos se justificaba en el sentido que su testimonio, falso, descubría una determinada verdad y la aproximaba a las nuevas generaciones. Aquí, con Blanco, nos hallamos ante la más estricta voluntad de estafar, sin más, como ha pasado tantas veces que se ha utilizado el cebo de un niño desvalido para conseguir un beneficio, desde la picaresca a la orilla del Tormes hasta las correderas de los niños de Dickens. Ahora, el juez de La Seu incluso duda de la paternidad de Blanco y de la enfermedad de Nadia, en una vertiginosa carrera hacia el guion de una película donde se mezclarían -si algún día se rodara- delincuencia, buena fe, cinismo, ingenuidad, astucia criminal y el exceso del espectáculo lacrimógeno al que estamos acostumbrados. Las víctimas, aparte de Nadia, los padres y las madres que, estos sí, luchan cada día, con lo que pueden, para evitar el sufrimiento de sus hijos.