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Mala suerte. Muy mala suerte. Al PSG le tocó el Barça. Le podía haber tocado el Nápoles, por poner un ejemplo. Pero no. A los franceses les tocó el gordo, la 'joyita' del sorteo, la bola del Barça, como hace dos años. Aquella temporada, la suerte les fue esquiva en dos ocasiones. Primero, en fase de grupos, lo que les condenó a jugar unos octavos exigentes ante el Chelsea, con la vuelta fuera de casa. La pasaron y afrontaron un nuevo sorteo. Pero volvió a salir cruz, les tocó otra vez el Barça, que les dejó fuera de la competición.

Ha sido un mal sorteo para el PSG. En cambio, ha resultado afortunado el Bayern de Munich, que pese a ser uno de los candidatos a la victoria final en la competición, fue superado por el Atlético en la fase de grupos y arriesgó un cruce con el Barça. Por suerte para ellos, tendrán que enfrentarse al Arsenal. Imaginen lo que deben pensar los ingleses, para una vez que quedan primeros.

El sorteo se puede leer, como ven, en muchas direcciones. Y, ciertamente, el Barça podía haber resultado más afortunado, también menos. Luis Enrique debió torcer el gesto cuando vio como Benfica, Oporto y Bayer Leverkusen iban emparejándose a otros rivales. Pero en su fuero interno, vio como la realidad confirmaba su teoría previa: al Barça le tocó el mejor segundo que le podía tocar, el que más puntos sumó junto con el Bayern. 

La suya era una apuesta ganadora. Si fallaba en su pronóstico, el disgusto pasaría rápido, con unos fados o con una aspirina. Y, sin embargo, si acertaba, la razón estaría de su parte, y a quién no le gusta tener razón. El sorteo no le llevó la contraria y siempre podrá decir a quien le quiera escuchar aquello de que él ya lo decía.

Avalada la teoría de Luis Enrique, el azar puso en evidencia de nuevo un contraste entre el potencial de los rivales de Barça y Madrid en los últimos sorteos. A los blancos les van de cara incluso los goles contrarios. El tanto de Reus, que los envió a la segunda posición del grupo, fue el que realmente les dejaba hoy un rival a priori asequible, a excepción de la Juventus.

Si el asturiano quería simplemente constatar su falta de suerte -así lo interpreté yo- ayer volvió a quedar demostrado. Pero si algo hay que lamentar de estos cruces de cuartos, más allá de la pereza de repetir rival año tras año, es que vuelva a dejar abierta la puerta a las teorías conspiranoicas que ven bolas frías o calientes en cada sorteo. Solo por eso -por quitarles la razón, por tenerla yo- hubiera preferido un Barça-Bayer Leverkusen. Tendré que esperar al próximos sorteo. Pero no todo puede ser malo, la peor suerte nos ha dejado mejor eliminatoria. Y la razón para Luis Enrique

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