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Editorial

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en el ayuntamiento.

JOAN CORTADELLAS

Una apuesta para ganar en Catalunya

En torno a Ada Colau se construye un nuevo espacio político para llevar la mayoría social a las instituciones

Desde hace meses, la organización que llevó a Ada Colau a conquistar la alcaldía, Barcelona en Comú, trabaja para construir un nuevo espacio político que le permita trasladar esta fórmula a la política catalana. Se trata de un espacio de confluencia entre la misma formación de Colau, Podemos en Catalunya, ICV, EUiA, Procés Constituent y otros grupos que han surgido al margen de la izquierda tradicional. Se trata de conseguir un artefacto político que supere las limitaciones de Catalunya Sí que es Pot en las últimas elecciones catalanas y de En Comú Podem en las legislativas españolas. La nueva fuerza política no puede ser únicamente una plataforma al servicio de los planes de futuro de Ada Colau ni tampoco un partido convencional, puesto que tendrá componentes que provienen de tradiciones organizativas muy diferentes. Esta fuerza pretende ser un nuevo vector de la política catalana, como demuestra el manifiesto fundacional que trata de impulsarla.

Las bases ideológicas son bastante claras. En primer lugar,  una concepción de la soberanía que vaya mucho más allá de la cuestión nacional y que plantee un hipotético referéndum en Catalunya como una cuestión de radicalidad democrática y no de reivindicación nacional. Y que, en coherencia, sea un punto de partida para un ejercicio más directo de la democracia en todos los asuntos. En segundo lugar, se trata de primar el acuerdo de la izquierda plural para trasladar a las instituciones la hegemonía social que ya existe. Este nuevo espacio político pretende sumar a socialistas, republicanos y antisistema en una nueva mayoría política que aleje definitivamente del poder a la derecha que se ha escondido tras la bandera después de poner en marcha la tijera contra los derechos sociales. Y en tercer lugar, este nuevo espacio político nace para ganar, para dejar de aplazar las conquistas que la mayoría social reclama.

Las bases son claras, pero el camino no será fácil en absoluto. La izquierda tiene una tradición de atomización que le ha impedido en muchas ocasiones conquistar el poder. Se trata de superar dinámicas organizativas que no siempre han servido para lograr los objetivos planteados. Y se trata también de superar los personalismos sin negar el capital político que cada uno aporta.