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Nadia Nerea y su madre, el pasado 24 de noviembre den Organyà.

ACN / FERRAN GARCIA

"¿Ya no se puede ser buena persona?"

Joan Cañete Bayle

El 'caso Nadia' indigna a ciudadanos que de buena fe creían la historia que contaban los padres de la niña

“¿Ya no se puede ser buena persona?”, se pregunta Isa Drets, de Encamp, en la carta que envió a Entre Todos a cuenta del escándalo de la semana, y sin duda uno de los más impactantes y dañinos en mucho tiempo, el de Fernando Blanco y Margalida Garau, los padres de la niña Nadia Nerea. “Habéis mentido, habéis jugado con la pena para que la gente efectuara donaciones. Y aún peor, por vuestra mala actuación ahora muchas personas serán reticentes a ofrecer su ayuda, para no ser engañados”, añade Isa. “Lo que más rabia despierta en mi interior es el hecho de que la gente tenga tan pocos escrúpulos como para utilizar algo tan serio como una enfermedad para aprovecharse de gente que no duda en compartir lo poco que tienen para intentar mejorar la vida de una pequeña. Es indignante”, escribe Laura Castro, de Barcelona.

Que a uno lo engañen siempre molesta. Que a uno le engañen porque ha sido buena persona, porque ha confiado en la dramática historia de alguien, tiene un plus de ensañamiento. El ‘caso Nadia’ahora ya plenamente judicializado, tiene muchas vertientes. La periodística es una de ellas, por supuesto: la mala praxis a la hora de contrastar la información, el atractivo de una historia que lo tenia todo para disparar la audiencia, la dificultad que tienen los hechos para hacerse oír en medio de un relato que parecía funcionar para todo el mundo: los padres recaudaban, los medios publicaban o emitían una gran historia desde el punto de vista periodística y de audiencia, miles de personas donaban dinero a una familia necesitada...

CORAZONES SECOS

 “Nada te hace creer más en la bondad humana que las manifestaciones solidarias. Sin embargo, cuando las supuestas buenas causas en las que uno se implica resultan esconder algo oscuro, se abren paso otros sentimientos: la rabia y la indignación”, escribe Tamara González, de Santa Coloma de Cervelló, quien añade: “Tras conocerse el fraude de los supuestos tratamientos de la pequeña Nadia Nerea, uno puede llegar a cuestionarse cada nuevo acto de participación o ayuda que se le presente. Pese a ello, quiero pensar que las estafas son excepciones y que los logros conseguidos y la satisfacción de haber contribuido en algo positivo superan al miedo y al enfado ante posibles nuevos engaños. Si en esta vida no nos mojáramos, nuestros corazones se secarían”.

IRON MAN EN AFGANISTÁN

 “¿Qué tenemos que hacer? ¿Dejar de ser solidarios o dejar de ser ingenuos? ¿O es que a partir de ahora solo podemos colaborar a través de asociaciones y oenegés de reconocida reputación?”, se pregunta Isa Drets. Y la respuesta probablemente sea que sí. Hay mucho trabajo colectivo por hacer para ayudar a menores como Nadia que no pasan necesariamente por la recogida de fondos. Por ejemplo, movilizarse para obligar a que la sanidad y la investigación financiada con fondos públicos también dediquen esfuerzos y recursos a las enfermedades raras y minoritarias. Financiar a equipos y proyectos científicos de reconocida solvencia. Permanecer, como opinión pública, siempre con la guardia alta y exigir al periodismo, da igual que se escriba en papel, se emita en programas televisivos matinales o se distribuya en redes sociales, que respete los mínimos estándares profesionales. Porque el único científico conocido que en una cueva de Afganistán descubrió algo fue Tony Stark, que allí construyó el primer traje de Iron Man.

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