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Cristiano Ronaldo, el sábado pasado en el Camp Nou.

¿Actúa Cristiano inspirado por Frank Zappa?

Eloy Carrasco

A menudo los deportistas no son los codiciosos, sino quienes les rodean

Ahora que se acerca el final del año, muchos ciudadanos sujetos a una nómina, por no hablar de los superhéroes autónomos, andan estos días ajustando números aquí y allá para encontrar la mejor manera de mitigar el varazo de Hacienda. Seguro que a la mayoría se les escapa una sonrisa, cuando no espumarajos de indignación, a la vista de las noticias que brinda Football Leaks. Individuos que ganan el dinero suficiente para vivir mil vidas tratan de escaquear otro poco, no fuera a darse el caso de que vivieran mil quinientas y la prórroga les pillara descalzos.

Casi todo el mundo ve ‘normal’ intentar escabullir el IVA de unas obras en casa o que un autónomo cuele unos tíquets de restaurante que en realidad le ha pasado un colega, porque ese ahorro -ilegal- tiene un peso en la economía doméstica que, proporcionalmente, no lo tiene en las cuentas de una superestrella, sea futbolista, rockero o youtuber. Ocurre que las personas son codiciosas por naturaleza y quien más tiene, más quiere. Siempre ha sido así, Caín lo sabe.

LOS COCHES REGALADOS

Cada año vemos una imagen: una gran marca de coches regala uno de sus vehículos a cada jugador del Barça y del Real Madrid. Son coches carísimos, los de la gama más alta. A los fabricantes les resulta rentable que la gente vea por ahí a Messi o a Cristiano Ronaldo al volante de una de esas máquinas. Esa gente querrá ser como ellos, harán lo imposible por un cuatro ruedas igual, publicidad básica. Luego se han dado casos de que, en el momento de la entrega, todos felices como niños, alguna de esas superestrellas ha preguntado: "¿Y el seguro quién lo paga?". O que otro, al cabo de un par de semanas, ha pedido que se lo cambien por el mismo modelo, pero diesel, "porque el de gasolina no veas como chupa".

A menudo los codiciosos no son los deportistas, sino quienes los rodean. Representantes, agentes, abogados, padres y madres que lo que buscan es rentabilizar al máximo el producto. Ronaldo (el gordo) ahora parece que reniegue de su año en el Barça, aquella proeza que duró una temporada entera. Incluso ha dicho que habría preferido marcar el mítico gol al Compostela con la camiseta del Madrid. Pero en su momento le dolió irse del Barça y se fue solamente porque él no era más que un producto en manos de unos agentes rufianes y de unos directivos obtusos.

Nadie se imagina a Ronaldo (el otro) con esas gafas que se pone para aparentar no se sabe qué, repasando contratos en diciembre junto a Jorge Mendes y diciéndole "ponme los derechos de imagen acullá porque me iría bien ahorrar unos millones, que me vienen muchos gastos de golpe". Nadie se imagina a Messi en parecidas circunstancias. Pero al final, amigos, esto es como los regates. Si el defensa te pilla, el balón es suyo. Montoro ha metido la pierna con fuerza y ha rebañado la bola.

Esta semana se han cumplido 23 años de la muerte de Frank Zappa, aquel músico heterodoxo cuyo cuchillo verbal sería tan necesario hoy. Una de las cosas que dijo es que "sin desviarse de la norma, el progreso es imposible". Pero eso no iba por ti, Cristiano.

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