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Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, en un acto de Podemos en Madrid.

EFE / LUCA PIERGIOVANNI

Podemos, cuestión nacional y reforma constitucional

Astrid Barrio

La aceptación del derecho a la autodeterminación puede entrar en contradicción con el enfoque populista del partido morado

La ideología Podemos es en cierta medida mutante. En sus orígenes apostó por superar la fractura izquierda-derecha y quiso reemplazarla por una nueva lógica pueblo-élites, justamente uno de los criterios que se suelen utilizar en la academia para catalogar a un partido de populista. En el caso de Podemos, lejos de desmarcarse de esta etiqueta optó por asumirla haciendo suya la tesis de Ernesto Laclau expuesta en 'La razón populista' según la cual la nación ha de estar al servicio del pueblo.

De acuerdo con ello su idea de nación estaba asociada a la democracia afirmando que élites no representaban al pueblo, a la soberanía entendida en sentido clásico y por tanto referida a la autonomía del Estado y a la garantía de los derechos sociales. A través de estos tres componentes, Podemos aspiraba a fusionar el componente nacional y el social. No obstante, la compleja realidad de la cuestión nacional en España, así como las perspectivas de implantación y de crecimiento del propio partido, complicaron la construcción de un discurso en torno a quién era el pueblo a quien se aspiraba a representar y quién integraba la nación.

Este es precisamente el gran desafío de los partidos populistas en los estados plurinacionales como España, como se deduce de la investigación que junto con Juan Rodríguez Teruel y Oscar Barberà hemos publicado en la revista académica 'South European Society and Politics'. Podemos se ha enfrentado al reto de adaptar su populismo a las identidades nacionales múltiples existentes en España y lo ha hecho no solo mostrándose partidario del reconocimiento efectivo de la plurinacionalidad, sino también apoyando las aspiraciones secesionistas de catalanes y vascos. De ahí que se haya comprometido con el derecho a la autodeterminación de Catalunya y de su apoyo a la realización de un referéndum legal.  

El problema es que la aceptación del ejercicio del derecho autodeterminación en Catalunya puede entrar en contradicción con el enfoque populista del partido y ser una fuente de tensión con y entre sus aliados regionales. Sobre todo en un momento en el que se empieza a plantear abiertamente la reforma de la Constitución y en el que uno de los aspectos clave será justamente la cuestión territorial.

EL PAPEL DE EN COMÚ PODEM

Decía Íñigo Errejón también en las páginas de este diario  que la solución a este problema "vendrá desde las periferias y desde abajo" y no en vano es En Comú Podem la formación que de la mano de Xavier Domènech está impulsando la puesta en marcha de una comisión parlamentaria que aborde la cuestión territorial.

Podemos y sus confluencias tienen claro que España es una nación de naciones que tienen aspiraciones diversas. Lo que está menos claro es que sean capaces de hacer compatible esta idea con la dialéctica pueblo-élites cuando el demos no es uno sino diversos y cuando hay demandas asimétricas. La incógnita a partir de ahora es cómo dar coherencia al discurso y permanecer unido sin romperse.