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Editorial

Nadia Nerea y su madre, en una imagen de Espejo Público.

El daño que causa el 'caso Nadia'

El turbio asunto perjudica a las familias de otros enfermos y la credibilidad del periodismo

La detención por parte de los Mossos d’Esquadra de Fernando Blanco, el padre de la pequeña Nadia, la niña que sufre una rara enfermedad denominada tricotiodistrofia que podría ser mortal,  es el último capítulo de un escándalo que es de temer que aún no ha acabado de ofrecer giros desagradables. El descubrimiento de que los progenitores de la pequeña llevan años pidiendo donaciones haciendo referencia a falsos tratamientos médicos para la menor inflige un daño enorme a muchos niveles. En primer lugar, a las familias de otros enfermos que recurren a la solidaridad ciudadana para poder afrontar costosos tratamientos médicos. La gran proyección mediática de los padres de Nadia hace que cuando se ha descubierto el engaño la sombra de la sospecha se cierna sobre otros casos similares. Es natural que muchas personas que de buena fe han contribuido económicamente a causas parecidas se pregunten si también fueron engañadas.

Es inevitable que el foco recaiga sobre la responsabilidad del periodismo. El segundo golpe, pues, es a la credibilidad de aquellos medios y periodistas que han contribuido a difundir la información dándola por cierta a pesar de que algunos detalles de la historia difícilmente hubiesen aguantado un mínimo escrutinio profesional. Nadie es inmune al error, pero es obligación del periodismo no caer en la negligencia y no bajar la guardia en el rigor profesional que exige la sociedad. El caso Nadia debe servir de lección.

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