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IDEAS

Acueducto en Londres

Josep Maria Pou

Me permito señalar unas cuantas propuestas para quienes aterricen en Londres durante este puente ávidos de teatro

Leo, en este mismo periódico, que en el acueducto que empieza hoy, y que de una amplia zancada alcanza hasta el dia 11, la mayoría de catalanes que viajen fuera lo harán a Londres. Lógico. La libra está muy barata (¡bendito maldito Brexit!) y la ciudad está llena de tentaciones en las que dejarse caer, en homenaje a Oscar Wilde. Me permito señalar unas cuantas, para quienes aterricen en Londres ávidos de teatro.

Yo no me perdería el 'King Lear' de Glenda Jackson, del que ya les hablé la semana pasada. Y si algún ferviente shakesperiano se queda con ganas de más, puede enlazar con el 'King Lear' de Anthony Sher, otro grande. Los dos en cartel, al mismo tiempo. ¿Dudas? Lo siento, aquí no hay rastreator ni comparador que valga; aquí hay que arriesgarse y pagar antes de entrar. Yo aposté y gané. No les digo más.

Los seguidores de Harry Potter tienen festín a la vista: 'Harry Potter and the cursed child', cinco horas de teatro, en dos partes de dos horas y media cada una, que pueden verse juntas el mismo día o por separado en días alternos. Los que anden escasos de inglés sepan que el texto, en catalán o castellano, se puede comprar y leer aquí, antes de salir de Barcelona.

Y en cuanto a grandes actores 'en vivo y en directo', se puede ver a Mark Rylance (actor gigante, que lo fue en 'Mi amigo el gigante' y que ganó el Oscar por 'El puente de los espías') en una función llamada 'Big fish' a la que un crítico ha definido como “el 'Esperando a Godot' del siglo XXI”; se puede ver a Ed Harris y Amy Madigan (matrimonio en la vida real) en 'Buried child', una función de su común amigo Sam Shepard; y se puede -se debe- ver a dos monstruos, sir Ian McKellen y sir Patrick Stewart, en 'No man’s land'” de Pinter, una función que hicimos aquí ('Terra de ningú), en el TNC, hace tres años.

Por cierto, si paseando por King’s Road, Sloane Square o St. James, se cruzan con Eduardo Mendoza, el más 'british' de nuestros Cervantes, no duden en felicitarlo. Y, por favor, háganlo también de mi parte.

¡Buen viaje!

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