Lazos familiares

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Cynthia d’Aprix Sweeney, autora de ’De buena familia’.

Cynthia d’Aprix Sweeney, autora de ’De buena familia’. / ALVARO MONGE

Lo peor de las familias son las familias. Nacemos con unos lazos familiares que, firmes o no, nos acompañarán toda la vida. La literatura se ha encargado de mostrarnos el lado menos amable de ese núcleo que pretende ser un refugio, un lugar cálido al que recurrir cuando las cosas no vayan bien. Las familias pretendidamente buenas que la sociedad y la religión nos venden deben rendir cuentas con las familias literarias. Quizá porque nos hemos creído que las familias infelices lo son cada una a su manera, el tema no ha dejado de utilizarse y reutilizarse.

Los retratos de familias en la literatura están llenos de personajes infelices y patéticos

'De buena familia', de Cynthia D'Aprix Sweeney, la novedad más fresca, bucea en los conflictos más básicos: cuando hay de por medio una herencia, las buenas formas se apartan y las familias muestran su lado más agresivo, y también más miserable. Los hermanos Plumb son esperpénticos y mezquinos, tal como lo son las familias. El modelo familiar del que venimos y las expectativas que cada uno de nosotros tenemos para nuestro propio núcleo a menudo nos entorpecen el camino. Los personajes de 'De buena familia' no quieren parecerse a sus padres, pero se convierten en algo peor.

'Departamento de especulaciones', de Jenny O’Fill podría ser otro ejemplo: la protagonista ve cómo todo lo que ha intentado construir se va deshaciendo sin remedio, y cómo eso la obliga a ir apartando de sus objetivos las metas que se había marcado. Los secretos y cómo ciertos tabús nos obligan a creer por el peor de los caminos es lo que mueve a Jetta Carletton en 'Cuatro hermanas' a escribir una novela magnífica. Leslie Jamison en 'El armario de la ginebra' dibuja unos personajes marcados por su infancia, igual que Janette Winterson cuenta en su autobiografía, '¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?', cómo los primeros años de tu vida te condicionan para siempre.

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Las exigencias sociales y culturales, y sobre todo las exigencias de clase, obligan a la protagonista de 'Diario de una ama de casa desquiciada' a perder los papeles, porque todo aquello que había pretendido ser... lo será en otra vida, no en esta.

Mercè Rodoreda y 'Mirall trencat' son el ejemplo perfecto de los destinos marcados de las familias, y 'Querido Miguel' de Natalia Ginzburg, de la incomunicación. Los retratos familiares, como 'Fragmentos de interior', de Carmen Martín Gaite, están plagados de personajes infelices, patéticos. La sangre, si es que alguna vez lo hizo, ya no justifica nada.