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Dos miradas

Al menos, durante un día, es agradable sentirse algo más que consumidores, de objetos o de ideas

La gran fiesta de la compra empezó con el Black Friday y acabó con el Cyber Monday. Y el aire se llenó de palabras como oferta, descuento, promoción… La proximidad de la Navidad y el bombardeo de los mensajes se aliaron para crear el ambiente propicio, para generar ese estado de inquietud que empuja a actuar, como si el tiempo se agotara, como si no se pudiera dejar escapar la gran oportunidad. Se trata de comprar, comprar por encima de todo, comprar por encima de la razón. Aún con los rescoldos de la fiesta, con ese aire que ahora huele a papel de embalar y poliespan y en el que resuenan los carraspeos de la tarjeta de crédito y más de un engaño, llega el Giving Tuesday (el martes para dar).

La celebración de tantos días especiales ocasiona cierta hartura, pero ofrecer, aunque solo sea por 24 horas, el protagonismo a la palabra 'dar', no deja de ser una operación de salvamento importante. Básicamente, para que no caiga en desuso público, para que no se convierta en un arcaísmo.

Dar un poco de tiempo. O algo de talento. O el precio de tres cafés. O el de un menú. O más, si se puede, si se quiere. Este es ese martes. El día mundial dedicado a dar y colaborar con causas sociales. En una página web (givingtuesday.es), un listado de proyectos, grandes o pequeños, para escoger. El escaparate de la solidaridad. Al menos, durante un día, es agradable sentirse algo más que consumidores, de objetos o de ideas.

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