EL AMFITEATRO

30 años no son nada para 'La clemenza di Tito'

El Teatro Real rinde homenaje al que fue su director, Gerard Mortier, con esta ópera de Mozart

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La soprano Yolanda Auyanet (Vitellia) y la mezzo Maite Beaumont (Sesto), en ’La clemenza di Tito, de Mozart, en el Teatro Real.

La soprano Yolanda Auyanet (Vitellia) y la mezzo Maite Beaumont (Sesto), en ’La clemenza di Tito, de Mozart, en el Teatro Real. / JAVIER DEL REAL

Tiene más de 30 años, pero el tiempo no ha hecho mella en la puesta en escena de 'La clemenza di Tito' que firmaron en su día Ursel y Karl-Ernst Herrmann y que ahora repropone el Teatro Real con la supervisión directa de la pareja, esta sí, afectada por el inexorable reloj vital. Con esta reposición de la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart el teatro madrileño rinde homenaje a quien fue su director, a Gerard Mortier.

Esta producción vio la luz en La Monnaie de Bruselas en 1982, cuando Mortier estaba al frente de aquel teatro. Después el director la fue paseando siempre con gran éxito por todos los teatros en los que trabajó ya fuera el festival de Salzburgo, París o Madrid a donde esta ópera llegó en el 2012. Para Mortier los Herrmann eran quienes mejor sabían captar toda la sabiduría y luminosidad de Mozart y traspasarlas al escenario pues además de 'La clemenza' fueron muchas las obras de aquel compositor que dirigieron escénicamente para el sabio belga.

Esta ópera que Mozart escribió casi al mismo tiempo que 'La flauta mágica' y su inacabado 'Requiem', fue un encargo para celebrar la coronación como rey de Bohemia de Leopoldo II de Habsburgo. Se estrenó en el Teatro Nacional de Praga el 6 de septiembre de 1791, tres meses antes de la muerte del compositor. Tratándose de un encargo de este calibre, Mozart no podía no reflejar la bondad del gobernante justo y humano, una idea que no era ajena al propio Mozart dadas sus relaciones masónicas amén de que los principios de la Ilustración se habían extendido ya por toda Europa (casualmente la 'Iphigenia en Tracia' que presenta estos mismos días el Teatro de la Zarzuela incide desde otro ángulo en la misma cuestión).

El emperador Tito, en la versión de Metastasio cuyo libreto fue adaptado por Caterino Mazzolà, es el vehículo que sirve a Mozart. La bondad del romano es tal que se somete a la voluntad de su pueblo renunciando a un matrimonio con una extranjera y acaba perdonando a su mejor amigo, a Sesto, que le ha traicionado de la manera más vil intentando asesinarle.

Los Herrmann renuncian a hacer una ópera 'de romanos'. Por el contrario, hacen una ópera fuera del tiempo, con una breve referencia al clasicismo referido más al de Mozart que al del tiempo en que transcurre la ópera. Los elementos de la escenografía son escasos, pero muy bien pensados. La acción se desarrolla en una caja blanca con puertas y ventanas. La luminosidad --estamos ante una ópera que es fiel reflejo del siglo de las luces-- domina la escena.

El segundo reparto de esta 'Clemenza' ofrece una agradabilísima sorpresa en la voz de la soprano canaria Yolanda Auyanet que interpreta el exigente papel de Vitellia, el de la mujer que por despecho es capaz de convencer a Sesto para que traicione a su amigo, el emperador, y lo asesine, provocando además una revuelta en Roma. Esta misma mujer acaba reconociendo su culpa no sin antes pasar por un calvario interior. Auyanet, superó con creces todas las dificultades que acarrean estos estados de ánimo encontrados a los que Mozart llena de dificultad vocal y lo hace además con una gran presencia escénica.

Maite Beaumont interpreta el personaje atormentado de Sesto. La voz de la mezzosoprano navarra no es muy grande, pero domina a la perfección muchos papeles mozartianos, entre ellos el que nos ocupa que lo cantó con gran sabiduría musical y mucha elegancia. El resto de voces de este segundo reparto que en realidad es un reparto alternativo son todas de mucho nivel de modo que vocalmente esta 'Clemenza' resulta muy homogénea. Lo completan Bernard Richter (Tito), Anna Palimina (Servilia), Sophie Harmsen (Annio) y Guido Loconsolo (Publio), siendo esta última la voz menos agraciada.

Dirige la orquesta Christophe Rousset que en esta ocasión abandonó su formación Les Talents Lyriques para dirigir la orquesta titular del Teatro Real y tocar además el forteapiano. Su dirección fue lenta, lo que permitía saborear tanto las notas como los silencios.

Llegado el momento de los saludos, los Herrmann también salieron a recoger el aplauso del público. Él lo hizo con paso vacilante y es que la edad no perdona, pero su 'Clemenza' ahí está. Suma años, pero no se arruga. Señal de que es un trabajo excelente.

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Una pregunta fnal: ¿tiene que continuar aquella fórmula inexacta y confusa impuesta por Mortier en su día de decir que se trata de una "producción del Teatro Real procedente del Festival de Salzburgo" cuando no es así?

Ópera vista el 20 de noviembre. 

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