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Escrache al periodismo

Enric Hernàndez

El triste fallecimiento de Rita Barberá ha desatado un campaña revanchista contra los medios de comunicación, al mejor estilo de Donald Trump

Explotar la muerte ajena en beneficio propio es uno de los actos más viles que puede realizar el ser humano. Tal parece, sin embargo, que la ética no siempre rige en la actividad política, salvedad que permite a unos boicotear un homenaje póstumo y a otros, bombardear al adversario empleando los restos del finado como arma arrojadiza.

El miércoles, con el cuerpo de Rita Barberá aún caliente, el PP se apresuró a relacionar el "linchamiento" mediático sufrido por la senadora con su fallecimiento. El supuesto linchamiento, según esta tesis, no sería atribuible a los jueces que la investigaban por presunta corrupción, ni tampoco a los dirigentes populares que exigieron a la exalcaldesa de València que entregara el acta de senadora o el carnet del partido, cosa que al final hizo. No, los verdaderos acosadores, poco menos que homicidas involuntarios, serían los medios de comunicación que relataron tales hechos.

Tamaño despropósito podría disculparse por la conmoción ante la luctuosa noticia, y no como un intento de enmascarar el ostracismo al que el PP condenó a Barberá, si no hubiera habido reincidencia. Pero, 24 horas después del óbito, el popular Rafael Hernando ha asegurado que su partido solo quiso proteger a la exalcaldesa del "periodismo de acoso y escrache" de televisiones como Cuatro y La Sexta, a las que acusa de "llenarse los bolsillos" actuando como "hienas".

Desafortunadamente, el atrabiliario Hernando no es el primer político que, al estilo de Donald Trump, hace escrache al periodismo que no le ríe las gracias. Lo hizo José María Aznar cuando intentó encarcelar al presidente del Grupo Prisa, Jesús de Polanco. Lo hace Pablo Iglesias cuando ataca a los medios por sus informaciones sobre Podemos. E incluso el afable Xavier Trias, en una carta publicada en las páginas de este diario. Todo vale con tal de amordazar al discrepante.

PESE A QUIEN PESE

Cuando un medio publica una mentira, la justicia tiene mecanismos para amparar el honor del político afectado. Pero cuando un político miente para desacreditar a la prensa, al periodismo solo le queda una alternativa: seguir haciendo su trabajo, le pese a quien le pese.

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