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Al contrataque

Nicolas Sarkozy.

JACKY NAEGELEN (REUTERS)

La derecha francesa

Antonio Franco

Los conservadores franceses son más plurales que los de aquí y viven sin tanta genuflexión ante su jefe

La derecha francesa se parece poco a la española. Lo acabamos de ver en la crucifixión y muerte política de Nicolas Sarkozy, su Mariano Rajoy. Gastado, su único proyecto era tener el poder por puro deseo de ejercerlo. Varias personalidades de su partido le discutieron públicamente la idoneidad de volver y sacaron a relucir sus propios proyectos. Sarkozy sabía aplastar competidores, por lo que tuvieron cuidado pero no miedo como ocurre en el PP -y en un nivel enfermizo- con Rajoy.

Obligaron a competir a Sarkozy en unas primarias frente a seis competidores, con múltiples debates televisados y ante cuatro millones de votantes. Y así se sacaron de encima a un hombre muy impopular, aunque menos que el líder del PP. Ni los compañeros de Rajoy en la derecha española ni sus votantes se parecen a los franceses.

Aunque esa derecha gala no sea ejemplar, por lo menos es más plural que la de aquí y vive sin tanta genuflexión ante su jefe. Lo del dedo índice extendido de Rajoy convertido en la única fuente de poder en el PP no sería posible allí. Y los correligionarios tampoco aceptarían que siguiese en primera línea un Fernández Díaz que hubiese hecho lo que el exministro español no desmiente haber realizado, o que se hubiese podido refugiar en el Senado alguien tan sospechoso como la ahora santa y ya no juzgable Rita Barberá.

Porque no le pasó por el dedo a Rajoy hacerlo antes, el PP celebrará su congreso con dos años de retraso. Por la misma razón no tendrá unas primarias con participación directa de los militantes. Los discrepantes callan. Esperan a que Rajoy se canse y se vaya voluntariamente o a que, como sucedió con Franco, las cosas cambien después de que se produzca un hecho biológico.

En la imposibilidad metafísica de ser más corrupta que la española la derecha francesa resulta menos insultante porque tiene por lo menos la decencia de no publicitarse como un partido regenerador. Sin duda trapichea, pero de forma menos burda. Y cuando la justicia pilla a uno de los suyos afronta con menos hipocresía las consecuencias. Alain Juppé, uno de los que le ha dado el empujón a Sarkozy, sobrevive en política tras haber purgado una condena por malversación de fondos para financiar el partido y una inhabilitación de 10 años.

CRUZAR LA FRONTERA

Pero el fondo ideológico de esta derecha no es nada fantástico: rendirse sin condiciones ante el austericidio dictado por Bruselas y acercarse lo más posible a casi todo lo que dice el Frente Nacional. Fillon, el favorito de las primarias, es un católico muy activo en su integrismo. Ojo, que quienes estén pensando en huir de nuestro país no se equivoquen al elegir punto de destino porque al otro lado de la frontera pronto habrá bastante de lo mismo.