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Día Internacional Contra la Violencia Machista

Manifestación contra la violencia machista, el año pasado, en Barcelona.

CARLOS MONTANYÉS

El 'ranking' de la más fea y otras hazañas

Laura Pérez Castaño

Toca preguntarse por qué la sociedad aún premia las actitudes reconocidas en la masculinidad predominante

Encuentras un ranking de la más fea de la facultad, ¿votas? Escuchas un chiste machista a la hora del café y le ríes la gracia al artífice. Presencias en el trabajo un comentario acosador a una compañera, ¿lo ignoras? Recibes por las redes un vídeo de una chica del instituto o de una desconocida manteniendo una relación sexual consentida, lo compartes. Cada día estamos ante situaciones en las que podemos intervenir o ser cómplices de la violencia machista. Una violencia que permea de manera invisible y naturalizada en muchos momentos de lo cotidiano sin apenas ser detectada y casi nunca descubierta.

Este verano nos sorprendía la existencia de un grupo de Whatsapp donde los violadores de Pamplona compartían sus delitos como depredadores sexuales cual hazañas con el grupo de amigotes. Entiendo yo que por cumplir con el obligatorio patrón de lo que significa ser un hombre, por miedo a quedar como el pringado, el flojo, y por mantener el estatus dentro del grupo.

UN MODELO DE MASCULINIDAD

Tal y como explica el sociólogo Miquel Missé, «los beneficios de la igualdad, para los hombres, siguen estando muy por debajo de los beneficios de la masculinidad». Los valores de nuestra sociedad siguen premiando las actitudes reconocidas en la masculinidad predominante. Si la violencia o la competición no tuvieran recompensa y no estuvieran reconocidas como la forma ganadora para resolver problemas, se extenderían otros valores como la cooperación o la empatía. Pero esto no ocurre. Y toca preguntarse por qué.

Esta lacra debe combatirse todos los días del año y no solo

por parte de las mujeres

Toca preguntarse por qué en horario de máxima audiencia, en la cadena de televisión más vista a nivel español un señor hace apología del acoso sexual y sigue sentado en el plató sin que exista reacción alguna de la presentadora. Nadie lo recrimina y de su boca brota esta afirmación: «Soy una persona que si me das a entender una cosa me acelero, luego no me digas 'No, ahora me voy'». Y esa es la masculinidad ganadora que los y las adolescentes consumen a diario.

UNA VIDA LIBRE DE VIOLENCIAS

Frente a esta cotidianidad diaria, el 25 de noviembre, Día Internacional Contra la Violencia Machista, es solo un día en el que, como cada año, las feministas saldremos a la calle para reclamar una vida libre de violencias. No obstante, esta lacra debe combatirse cada uno de los días del año, y eso no puede estar en manos únicamente de las mujeres. Medios de comunicación, amigos y compañeros de trabajo, propietarios de locales de ocio, vecinas, instituciones, estudiantes, deportistas, etcétera, tenemos un papel en la lucha contra las violencias machistas.

El mensaje debe estar claro; queremos una Barcelona antimachista que diga que no vamos a dejar pasar ni bromas, ni acosos, ni agresiones. Desde el Ayuntamiento de Barcelona hemos lanzado una campaña para señalar aquellos comportamientos que están en la base de la violencia contra las mujeres. Por eso el eslogan de la campaña es Ni media. No podemos dejar pasar ni media, porque de la suma de tantas medias resulta una sociedad violenta que contabiliza feminicidios.