El lenguaje de la política

"Payaso" como insulto

Ya me gustaría ver a Rafael Hernando intentando hacer reír a los niños refugiados a los que su Gobierno sigue sin dar la acogida que prometió

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El payaso Tortell Poltrona. 

El payaso Tortell Poltrona.  / JOAN CORTADELLAS

Hace ya unos días actuamos en la presentación del Festival de Pallassos de Cornellà. Fue en el marco de la carpa propiedad de Tortell Poltrona, el mejor payaso que tiene España y el hombre más solidario que conozco dentro de la profesión. Tortell es un hombre bueno con un corazón lleno de humanidad. De él nació la iniciativa de crear, en 1992, la organización Payasos Sin Fronteras, cuya misión, según se lee en sus principios, es la de mejorar la situación emocional de la infancia que padece las consecuencias de conflictos armados, guerras y otras catástrofes mediante espectáculos cómicos realizados por payasos profesionales. De este modo Tortell y todos aquellos que colaboran con él llevan una sorda y continuada labor regalando aquí y allá un beneficio inmaterial pero muy valioso como es la risa a aquellas personas con graves conflictos emocionales.

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Ese día fue muy gratificante actuar en la carpa rodeados de un público de todas las edades que reía feliz con la actuación de todos. Detrás de las gradas, en un espacio reservado a modo de camerino, estábamos los payasos entremezclados en un ambiente de compañerismo y de unión. Todos con la generosa, noble y extraordinaria vocación de hacer reír.

Es por eso que, cuando oigo en boca de alguien la palabra "payaso" pronunciada como insulto, me procura una gran tristeza… y mucha rabia. Un flagrante ejemplo fue el pretendido insulto que salió de la boca de uno de nuestros políticos, Rafael Hernando, portavoz del Partido Popular, que calificó de payasos a aquellos que no se levantaron a aplaudir el discurso de Felipe VI en el Congreso. Entiendo que hemos tocado fondo, porque si alguien no merece ser insultado son aquellos que buscan la felicidad a través de su trabajo. Ya me gustaría ver a Hernando intentando hacer reír a los niños de algún campamento de esos refugiados a los que su Gobierno sigue sin darles la acogida que prometió. ¡Qué injusto es para los profesionales del humor que se siga llamando "payaso" para insultar!