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El lendakari, Iñigo Urkullu, y el presidente del PNV, Antoni Ortuzar, este lunes, durante la asamblea nacional de los nacionalistas vascos.

EFE / MIGUEL TONA

La apuesta del PNV

Joan Tapia

Urkullu prima el gradualismo a un Gobierno con Bildu más soberanista

A la hora de gobernar, el PNV ha desechado las opciones basadas en primar la ideología, o la rápida consecución de los objetivos máximos, y ha decidido primar la estabilidad, no buscar conflictos de incierto resultado con el Estado y practicar el gradualismo.

La consecuencia es el actual pacto con el PSOE que no se limita a un acuerdo de legislatura, sino que implica la entrada de tres consejeros socialistas en el Gobierno vasco. Tras las elecciones del pasado 25 de septiembre que le dieron la victoria con 28 diputados, uno más que en la legislatura anterior, el PVN tenía otras opciones. Una era seguir gobernando en minoría con acuerdos puntuales. O con el PSOE, o con Bildu, o incluso con Podemos o el PP. Pero había otras que, al precio de plantar cara al Estado, en teoría permitían ir más lejos desde el punto de vista nacionalista y además tener un Gobierno con mayor apoyo parlamentario.

El pacto elegido con el PSOE (9 escaños) le da 37 diputados, uno menos que la mayoría absoluta, que es de 38, ya que el Parlamento vasco tiene 75 escaños. Esto no implica ninguna dificultad para la elección de Urkullu (no es necesaria la mayoría absoluta y no se puede votar en contra, sino a un candidato alternativo), pero sí obligará a un trabajo parlamentario continuo. En cambio, el pacto con lo nacionalistas radicales de Bildu (18 escaños) le habría dado una mayoría más amplia de 44 diputados. Y con Podemos habría llegado a los 39 escaños. Sumando a Bildu y Podemos (con la bandera del referéndum de autodeterminación) habría alcanzado nada menos que 57 diputados sobre 75.

¿Por qué el PNV no ha optado ni por Bildu ni por Podemos? Porque cree que la alianza con cualquiera de estos grupos le habría arrastrado irremediablemente a un conflicto serio con el Estado, un conflicto de esos que permite levantar grandes banderas, inflamar la calle y generar mucha adrenalina pero que al final dan pocos resultados o llevan a la derrota.

SIN RUPTURISMOS

El pacto con el PSOE explicita que la reforma del Estatuto respetará el ordenamiento legal vigente y es que el PNV no cree en ningún rupturismo. Piensa que el conflicto no solo daña la economía, sino también el prestigio de Euskadi. Además ya intentó algo así en la etapa de Ibarretxe (1999-2009) y al final no solo no consiguió nada, sino que perdió el poder. En el 2009 se encontró con un Parlamento en el que --tras la prohibición de las candidaturas de Batasuna-- el socialista Patxi López fue elegido lendakari porque entre PSOE y PP tenían mayoría absoluta.

Pero el PNV no se fue al monte cuando perdió el poder. Ordenadamente, sustituyó a Ibarretxe por Urkullu y recuperó el Gobierno en el 2012. Y ahora no quiere repetir experimentos aunque haya amplias mayorías absolutas para ello.

En Catalunya se debería reflexionar sobre el PNV. Aquí hay políticos en el poder --solo gracias a la CUP-- que con el 44,9% de electores que se declaran independentistas (último CEO) aseguran que la independencia ya se toca con los dedos y que seremos felices y comeremos perdices.